“Corazón partido”

SEÑOR DIRECTOR:
En su columna del domingo, Sylvia Eyzaguirre pregunta qué nos ha pasado como sociedad que ni el sufrimiento de los niños más vulnerados logra conmovernos. Creemos que Chile sí se conmueve. Las crisis más graves del sistema de protección han motivado comisiones investigadoras, acuerdos nacionales y reformas legales. Lo que nos ha faltado es constancia.
Los niños, niñas y adolescentes llegan a una residencia por orden judicial, tras sufrir graves vulneraciones, muchas veces de parte de los mismos adultos que debían cuidarlos. Según el Centro para el Desarrollo Infantil de la Universidad de Harvard, el factor más común entre los niños que logran sobreponerse a la adversidad es contar con al menos una relación estable y comprometida con un adulto que los apoye.
Eso es justamente lo que hoy no logramos garantizar. Educadores de trato directo y profesionales cambian con frecuencia, y cada salida es para el niño una nueva pérdida. Muchos se van por desgaste o porque su sueldo no alcanza para mantener a su familia, y los entendemos. Como señala la columna, el Estado entrega a los organismos colaboradores en promedio $1,4 millones mensuales por niño, cuando el costo real supera los $2,6 millones. Así es muy difícil sostener equipos estables.
Pero más recursos no bastan; hay que usarlos bien, y las instituciones no siempre lo logramos. Por eso, un mayor financiamiento debe ir acompañado de mayores exigencias de resultados para los niños. No pedimos un cheque en blanco. Pedimos constancia: cuidarlos bien no solo evita tragedias, les cambia la vida. Esta vez, no los olvidemos.
Alejandra Canessa, Gerenta General
Ana María Camus, Miembro del Directorio Protectora de la Infancia
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