Cartas al Director

Exceso de velocidad

SEÑOR DIRECTOR:

Solemos admirar a los países con alta cultura cívica, como si el respeto por las normas apareciera espontáneamente. No es así. También se construye haciendo que las reglas se cumplan.

Cada vez que se fiscaliza a un grupo aparece una reacción bastante predecible: el problema verdaderamente importante está en otra parte. Hoy ocurre con los ciclistas del Cerro San Cristóbal. Antes ocurrió con los automovilistas frente a los fotorradares, muchas veces denunciados como una “caza de conductores”. Curiosamente, hoy nos quejamos de quienes vuelan por las autopistas urbanas.

Es perfectamente legítimo discutir si una fiscalización está bien priorizada, si el límite es razonable o si los recursos podrían utilizarse mejor. Lo cuestionable es que, cada vez que se fiscaliza una infracción concreta, la respuesta sea señalar que existe otra más grave que debería atenderse primero. Si ese fuera el criterio general, bastaría con encontrar una infracción más grave para cuestionar prácticamente cualquier fiscalización.

La cultura cívica no nace de los discursos. La aplicación consistente de las reglas corrige conductas; las conductas repetidas generan hábitos; y los hábitos, con el tiempo, forman cultura.

Cristóbal Ugalde Rother

Erlangen, Alemania

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