Cartas al Director

Ministra de la Mujer

SEÑOR DIRECTOR:

El reciente nombramiento de Judith Marín como futura ministra de la Mujer ha despertado críticas que resultan tan prematuras como prejuiciosas. Se intenta cuestionar su idoneidad basándose en su identidad evangélica y en sus convicciones personales, en una suerte de “cancelación” que poco ayuda a la convivencia nacional.

Desde mi posición como independiente de centro, conocí de cerca a la ministra designada durante el año 2024. En aquel entonces, ella presidía la Región Metropolitana del PSC y me ofreció generosamente su apoyo, sin condiciones, para mi precandidatura a alcalde en Pedro Aguirre Cerda. Más tarde coincidimos en el debate presidencial de Anatel; ella invitada por el actual Presidente electo y yo por Harold Mayne-Nicholls.

A pesar de nuestras legítimas diferencias políticas, doy fe de su genuina vocación de servicio, su capacidad de gestión y su mirada forjada en el trabajo en terreno. En una democracia pluralista, es fundamental que no se pretenda inhabilitar a una mujer por sus convicciones éticas o religiosas. Judith Marín representa a muchas mujeres que hoy no se sienten interpretadas por los sesgos tradicionales.

Lo justo es evaluar su desempeño por su trabajo y capacidad de diálogo una vez que asuma el 11 de marzo, y no por prejuicios que atentan contra la libertad de pensamiento.

Felipe Olivares Vergara

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