Nuestra política exterior

SEÑOR DIRECTOR:
Desde el 11 de marzo la conducirá el presidente electo y la aplicará desde la Cancillería. Sólo hay lineamientos generales, por ahora. Seguramente vendrán cambios significativos, inspirados en la nueva orientación política que recibió el claro apoyo democrático ciudadano, y la plena legitimidad. Habrá diferencias con el gobierno que termina. Como el país es el mismo, tendrá que considerar dicha impronta y sus acciones, rescatando lo compartido o desechando lo incompatible. El resto, no depende solo de Chile, sino del entorno y la voluntad de los demás Estados. No caben los voluntarismos, por bien inspirados que sean.
El ámbito regional evoluciona con velocidad. Aquel progresismo revolucionario que imperaba, está siendo suplantado paso a paso por democracias libertarias distintas, que podrán servir de base a nuevos acuerdos, y la coordinación en materias prioritarias consensuadas. Pero deberá hacer frente a algunas duras oposiciones, que buscarán incorporar en la lista de sus enemigos al próximo presidente y su gobierno. Ello quedó evidenciado a horas de la elección con críticas insultantes, mentiras, y epítetos de otra época, algo probablemente coordinado; una campaña estridente y predecible, que va a continuar, más por temor que fortaleza ante la pérdida del predominio del que gozaban.
Sólo cabe encararla con unidad y pragmatismo, priorizando las constantes de nuestra política exterior y los intereses nacionales permanentes. Lo demás, podrá ser atendido profesionalmente por nuestra diplomacia, sin ideologías condicionantes.
Samuel Fernández Illanes
Académico U. Central y embajador (r)
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