Cartas al Director

Un espacio público común

SEÑOR DIRECTOR:

El auge de la micromovilidad es una buena noticia para la sostenibilidad urbana, pero ha generado una creciente tensión en las calles. La convivencia entre peatones, ciclistas y usuarios de scooter eléctricos es cada vez más compleja, transformando las aceras en zonas de conflicto. Para lograr una movilidad segura, es urgente actuar en tres frentes.

Primero, infraestructura segregada y continua. La invasión de veredas por parte de ciclos responde, en gran medida, a la falta de ciclovías conectadas. Redistribuir el espacio vial para garantizar vías exclusivas para la micromovilidad evitará que estos vehículos disputen el espacio a los peatones.

Segundo, educación y fiscalización efectiva. Muchos usuarios desconocen que los scooter y bicicletas deben respetar semáforos, sentidos de tránsito y límites de velocidad. Se requieren campañas permanentes sobre la normativa vigente, acompañadas de controles reales que sancionen el tránsito por las aceras y el no uso de elementos de seguridad.

Tercero, una cultura del respeto donde el peatón sea siempre la prioridad absoluta. Quienes se desplazan sobre ruedas deben entender que manejan un vehículo y que la vulnerabilidad de quien camina exige máxima prudencia.

Empadronar, como lo dice la ley de convivencia vial para aquellos vehículos que superan los 25 km/H o los 250 W, ayuda a transparentar las reglas del juego para que la calle sea un espacio público común, no una pista de velocidad. Solo combinando mejor infraestructura, regulación clara y responsabilidad compartida construiremos ciudades más amables y seguras para todas y todos.

Uwe Rohwedder

Decano Ingeniería y Arquitectura, U. Central

Más sobre:MicromovilidadEducaciónFiscalizaciónCultura de respeto

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