Por Felipe RetamalCuando Elvis se puso nervioso: el nuevo documental que humaniza al mito
El nuevo documental de Baz Luhrmann, a estrenarse el 26 de febrero en Chile, evita el ocaso y se centra en los años en que Presley, pese a las dudas y el control del coronel Parker, seguía siendo un performer formidable. Un retrato musical que ilumina al artista más que al mito.

El Rey temblaba. Pese a los años de escenarios y viajes, los nervios carcomían a Elvis Presley antes de salir al escenario. Aun así, se tomó un respiro. “Debemos tocar cada canción como si fuera la primera vez”, arenga a su banda, antes de enfrentar al público en el International de Las Vegas.
La toma es notable. Vemos a Elvis, de impecable traje blanco, pata de elefante y lentejuelas, tras el escenario. Solo minutos antes de salir a cantar (con la famosa cortina de That’s all right mama) y demostrar su reputación. Un acierto absoluto que ofrece el documental EPIC: Elvis Presley en concierto, un trabajo del director Baz Luhrmann, a estrenarse en Chile el próximo 26 de febrero, que también tendrá funciones en sala IMAX.
Se trata de un trabajo derivado del proceso que Luhrmann desarrolló para su biopic del Rey de 2022. Logró acceder a 59 horas de shows de Elvis entre 1970 y 1972, desconocidos hasta ahora para el gran público, y resguardados en una mina de sal en Kansas. El trabajo de restauración del equipo de Peter Jackson en Nueva Zelanda (el mismo que restauró las cintas para el documental Get Back de The Beatles), es notable y permite ver cada segmento con una notable calidad.

El eje del documental es una suerte de historia de Elvis como espectáculo. Al principio se toma unos minutos para mostrar algunos rasgos biográficos: el fervor de su explosiva aparición en los 50; los días en el Ejército; el declive de los años sesenta cuando se dedicó a filmar películas de baja calidad (hay una curiosa escena cantándole a un sujeto disfrazado de perro).
De allí nos lleva, en vibrante color natural, a la trastienda de las legendarias presentaciones en Las Vegas. Se escucha al mismo Elvis en entrevistas refiriéndose a episodios de su historia y su conexión con la música; su gusto por el r&b, el góspel, incluso por discos mexicanos, lo que fuera que cayera a sus manos. Incluso se muestra crítico de sus primeros discos en Sun Records, que para entonces consideraba que tenían “demasiado eco”.
Es notable ver ciertos aspectos musicales de Elvis de los que pocas veces se ha puesto énfasis. “En las cartas la gente me pregunta por lo que me gusta y mi vida personal”, cuenta el mismo “Rey” en tono de lamentación. Acaso tomando nota, Luhrmann nos muestra ensayos y la preparación de los shows.
El mismo Elvis cuenta que solía preparar su repertorio, primero junto a la notable sección rítmica de su banda, la Taking Care of Business Band. Luego, pasaba a ensayar con la banda ampliada a los coros y vientos. Son minutos muy valiosos en que vemos al grupo repasar canciones, con un Elvis muy compenetrado, realizando algunas sugerencias y soltando algunas bromas para distender el ambiente.
Quienes no sean muy enterados en la historia de Elvis, esos minutos les permiten conocer a fondo al Rey como artista. Además podemos ver en acción a sus músicos, como el notable guitarrista James Burton (con su bella Telecaster Paisley); el simpático baterista Ron Tutt, de buen swing y facilidad para el fraseo; el silencioso, pero eficiente bajista Jerry Scheff; la capacidad del tecladista Larry Muhoberac, entre otros.

Los ensayos nos muestran a un Elvis más relajado y suelto (incluso vistiendo camisas en plan psicodélico y enormes lentes de sol). Solía interactuar mucho con sus músicos, lanzaba bromas a sus coristas (las notables The Sweet Inspirations) y de cuando en cuando se animaba a cantar canciones fuera de repertorio. También lo vemos preparando algunas de sus versiones, como las de Something y Yesterday, ambas originales de The Beatles. En los shows también suma una curiosa lectura para Get Back, otro tema del catálogo Beatle.
Otro acierto es mostrar fragmentos de los shows. No solo lo esperable, que es verlo cantar con su voz barítono en plena forma temas como Bridge Over Troubled Water, Suspicious Minds, In the Ghetto, Burning Love y How Great Thou Art. Asimismo vemos al Rey manejando el show, hablando con el público, repartiendo besos a destajo a las fans, lanzando sus pasos de karate y cayendo exhausto al piso por darlo todo en escena.
Casi nada se ve del Elvis de 1977, antes de su muerte, cuando estaba con evidente sobrepeso y muy consumido por sus adicciones. Tiene que ver con que ya se mostró su famosa interpretación de Unchained Melody, de ese mismo período, en la película de 2022. “No queríamos repetirnos”, explicó Baz Luhrmann a Rolling Stone. “y no queríamos mostrarlo en el final definitivo”.
Así, el documental prefiere concentrarse en los primeros años setenta, en que, pese a que se le consideraba acabado, aún era un notable performer. Además, lo retrata como un artista absolutamente abocado a su trabajo. Reconoce que para ese punto no sabría vivir sin dar un autógrafo o con la atención de la gente. Algo así como una adicción a los conciertos y la adulación.
También se le muestra bajo el control de su abusivo mánager, el coronel Tom Parker. No solo por lamentarse del hecho de que para entonces nunca había cantado fuera de EE.UU. (Parker era un inmigrante neerlandés ilegal, lo que hacía compleja su situación si salía del país). En un momento algún periodista le pregunta a Elvis su impresión sobre la Guerra de Vietnam. “Solo soy un artista”, se disculpa. Diligente, Luhrmann enfatiza la presencia del Coronel Parker en la escena. Un recuerdo silencioso de la influencia decisiva de Parker en su vida, difícil de eludir en un retrato musical del artista.
Aún así, cuando se le muestra interpretando temas como la emotiva In the Ghetto, una canción que habla de un chico que crece en la pobreza y la marginalidad (un guiño a la historia del mismo Elvis) queda en claro dónde estaba su pensamiento. Ese es un acierto de la dirección; de alguna forma, el Rey hablaba solo en el escenario.
A pesar de su notable factura, el documental solo deja algunos detalles dando vuelta; en el final se escucha a Bono de U2, un reconocido admirador de Elvis, recitar el poema American David, en honor al Rey. Un detalle emotivo, pero que no necesariamente le aporta espesor al documental. El material es tan contundente, que ese tipo de detalles desvían el foco.
Como sea, EPIC: Elvis Presley en concierto ofrece un notable retrato artístico del Rey. Las imágenes inéditas parecen traerlo a la vida y la trastienda de los shows son un interesante aporte para conocer cómo se esmeraba por mantener su reputación. Cómo, en definitiva, Elvis hacía del escenario su templo del rock and roll.
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