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Javiera Mena: “Esquemas Juveniles es un disco súper triste, es como emo”

La cantautora nacional habla con Culto de su disco debut, el que cumple 20 años y que presentará de manera íntegra en el Movistar Arena, show que ya agotó sus entradas. Un álbum paradigmático del pop chileno del siglo XXI: “Tenía la ambición de hacer un himno, como La voz de los 80, pero mío”, asegura.

Javiera Mena: “Esquemas Juveniles es un disco súper triste, es como emo”

El sueño definitivo de Javiera Mena (43) no es cantar en Glastonbury, el festival más grande del mundo. Al menos, no es lo que confiesa en esta entrevista: su deseo mayor es presentarse en La Pampilla, el festival más grande de Chile, el mismo que cada septiembre en Coquimbo congrega a más de 500 mil personas gracias a números como María José Quintanilla o Los Viking’s 5.

“O sea, es muy popular”, califica la cantautora en conversación con Culto, admitiendo sin dobles lecturas: quiere que su música se siga amplificando cada vez más en el paladar masivo.

“Me encantaría estar ahí, que mi música esté ahí. Yo creo que cada vez más los habitantes de Chile me sienten como algo identitario también. Por ejemplo, la otra vez un amigo me mandó un rayado que había en la calle y que decía ‘nuestra única patria, esquemas juveniles’. Lo encuentro bacán, hay mucha gente que me habla de patria cuando escribo un post y yo ni siquiera lo había pensado. De repente voy a colegios y veo cómo los papás le muestran a sus niños Esquemas juveniles, ya se armó una cosa como de familias escuchando el disco. Entonces, eso creo que ya forma parte de una identidad”.

Eso sí, para llegar a ilusionarse con la conquista de La Pampilla, o para que el nombre de uno de sus álbumes aparezca en un grafiti, o para que sus canciones se conviertan en un vínculo generacional y familiar, debió transcurrir un trayecto largo.

Una trama de varios capítulos. Un rumbo cuyo ángulo de origen estuvo muy lejos de la ambición de alcanzar vitrinas multitudinarias y transversales. Esquemas juveniles (2006) no sólo es el debut de Javiera Mena, sino que también es el inicio oficial de su carrera, facturado en la habitación de su casa entre computadores y teclados en el amanecer de internet -“aún ni siquiera había festivales en Chile”, acota la artista-, mientras su mamá hacia el aseo y le pedía que moderara el volumen.

Quizás por ese mismo acento doméstico y autogestionado, se convirtió en uno de los títulos paradigmáticos de la música chilena del siglo XXI, instalando una sombra alargada en varias direcciones: demostró que los músicos podían crear y difundir su propuesta sin los grandes espaldarazos de antaño de los sellos discográficos; estableció que la artesanía de un álbum también podía empezar desde la soledad de un software, como ha sido replicado por cientos de artistas en los años recientes, sobre todo desde el universo de la música urbana; propagó una fusión desprejuiciada de estilos propia del nuevo siglo, donde la vulnerabilidad juvenil podría convivir con la voracidad fiestera del electropop, en un cancionero que a momentos se siente tan evocativo como vital; y fue la pieza que abrió puertas para una generación que sin mayores intermediarios consiguió prestigio internacional y saltó con los años del casillero indie a hitos de alta figuración popular, como el Festival de Viña, tándem agrupado en el nuevo pop chileno y que también lucía en sus filas a Gepe, Alex Anwandter, Dënver, Francisca Valenzuela o Pedropiedra, entre otros

Por eso, dos décadas más tarde, hay motivos para celebrarlo. Esta vez, Mena no repletará La Pampilla -no aún-, pero si otro escenario igual de consagratorio: el Movistar Arena. El próximo 9 de diciembre, se presentará ante un recinto del Parque O’Higgins que ya agotó sus entradas y donde desplegará Esquemas juveniles de forma íntegra, paseando por temas tan representativos del pop local de inicios de los 2000, como Al siguiente nivel, Sol de invierno, Cámara lenta o su lectura para Yo no te pido la luna, popularizada por Daniela Romo. Tantas canciones buenas.

“Quiero darle la importancia que merece al disco, porque siento que con el tiempo la misma gente me ha dicho que es un disco muy importante. No pensaba tocarlo completo, pero muchos me decía que lo hiciera. Me fui dando cuenta que es un álbum muy valorado en el orden de cada canción también. Como una obra completa, sí. Como el Bachata rosa para mí”, ejemplifica Mena al trazar un paralelo con la obra cumbre de Juan Luis Guerra: otra muestra de su elasticidad al ubicar sus influencias.

De hecho, sólo minutos después menciona también como barómetro personal a la banda británica de música experimental Stereolab, nada más lejano a la cadencia caribeña del hombre de la bilirrubina. Y sobre el final, aludirá al trabajo debut de The Velvet Underground, de 1967, aludiendo que Esquemas juveniles despunta cierta similitud: también fue hecho sin grandes pretensiones y escaló como una obra de influencia cada vez más creciente.

“Con Esquemas juveniles mi motor era hacer algo original, que no se pareciera a nada, ni al rock, ni al pop, que fuera una mezcla de cosas. Yo era una fanática obsesiva de Stereolab y me parecían que eran muy originales, además de muy melómanos, escuchaban música todo el día, y yo también era muy muy melómana. La música era mi vida, era de lo único que hablaba, lo único que hacía, no había redes sociales, entonces me dedicaba a escuchar y escuchar, discos completos, todo el día. Más que yo saber si era un hito lo que estaba haciendo, quería hacer algo original, con las ganas de una persona de 20 años, que son muy poderosas”.

-¿Por qué cree que con el transcurso de los años el disco fue adquiriendo una importancia mayor?

Ha empezado a existir un valor muy grande por este disco por parte de colegas músicos y la propia gente. Pero para mí es algo muy personal, representa recién mi primer disco. Y lo hice sin expectativas, artesanalmente, con una frescura por hacer música. Pero fue un disco muy pionero, en cuanto a sonido, a mezclas de estilos, por las ganas que tenía de hacer algo original. Yo lo empecé a hacer a los 18 años y desde mi computador. Ahí decidí qué cosas podía mezclar; obviamente la música romántica que le gustaba a mi mamá, porque me encanta Ana Gabriel, con la música electrónica y sonidos más experimentales. Fue una búsqueda de mucho tiempo. Creo que a la gente le gusta por eso, porque las letras son muy poéticas y muy entregadas, se siente esa falta de ambición, la gente conecta con eso, es muy lindo. Pero, la verdad, no sé por qué tampoco, no tengo la respuesta.

Una historia original

Artesanía y poesía confluyen posiblemente de la mejor manera en Sol de invierno, el emblemático tema que la une con Gepe, como una hermandad casi umbilical que se extiende hasta hoy: “Se me ocurrió yéndome a Peñaflor a ver a mis tíos, porque me habían pateado recién y ahí dije: ‘ya, voy a juntarme con mis primos, que me van a tirar para arriba’. Eso solamente podía pasar campo adentro. Es una vivencia mía, pero también tenia un amigo que o habían pateado y se iba para Puangue. Pensé en esa cosa que tenemos los santiaguinos de tomar esas micros provinciales que les dicen la rompehuesos, donde vas para la cagada, pero sabes que en el campo te van a hacer un nanai”.

-¿Por qué era tan insistente en hacer algo original?

Era un desafío como artista, en el cómo plantarme como artista por primera vez en el mundo. Era como súper arriesgado, era como “ya, voy a crear algo mío y se lo voy a mostrar al mundo y voy a vivir de esto, entonces ¿qué hago? ¿Qué herramientas tengo?” Era mi carta de presentación ante el mundo y también en lo que me iba a ganar la vida, me estaba jugando mucho, entonces también había mucho arroje. Mucho de broma también, estábamos en Chile, en un Chile donde ni siquiera había festivales todavía.

Es cierto que en esa vieja era aún no se ejercitaban conceptos como Lollapalooza Chile, pero existía un circuito universitario y alternativo donde la propia Mena acreditaba sus primeras cartas.

En 2000, con apenas 17 años y siendo una escolar de Cuarto medio, dio su primer show en el campus Juan Gómez Millas de la Universidad de Chile. Por esos mismos días, en un recital de la banda de post-rock Tortoise, le pasó sus primeros demos a los chilenos de Congelador, con quienes terminaría tocando en el circuito de los años iniciales del siglo XXI. “Era yo misma haciendo mis propias relaciones públicas, muy chica”, rememora.

Ese boca a boca, esas estrategias de marketing aún embrionarias, la hicieron llegar al músico de Lucybell Gabriel Vigliensoni, quien la invitó a cantar en su álbum Nata (2004): fue la primera bisagra hacia su ascenso posterior. Gracias a él conoció a Cristián Heyne, quien como productor fue esencial para darle cuerpo y forma a Esquemas juveniles, estableciendo una de las sociedades más virtuosas del pop chileno reciente.

Javiera Mena

“Me demoraba mucho en hacer discos en esa época, porque era muy volada, pedía muchos favores y no tenía ni uno, era recién una estudiante”, comenta al recordar esos años, cuando en paralelo ingresó a la academia Projazz.

“Pero Cristián Heyne me puso ya los pies en la tierra, me dijo ‘grabemos’. Yo sabía que tenía que acudir a personas profesionales para lograr algo profesional. Heyne fue el colaborador número uno de Esquemas juveniles y me ayudó mucho a generar ese sonido más gigante que tiene el disco. Es un disco que igual respeta mucho lo original, esa cosa indie, él nunca quiso cambiar las estructuras. Las canciones mantienen esa cosa como de bedroom pop. Y Heyne también me ayudó mucho a cantar. Yo estaba insegura con eso, pero me ayudó a encontrar esa cosa más íntima que tiene el álbum”.

-Usted ha dicho que no era consciente de que estaba realizando un disco que se convertiría en hito, pero igual una canción como Al siguiente nivel parece hablarle a una generación nueva que estaba naciendo.

Me ayudó mucho hacer música a partir de la desolación de cuando alguien te deja. Tener como ese corazón roto. Al siguiente nivel es una canción muy como del amigas, en una plaza, tomando chelas, yendo a la Blondie, muy de Santiago, muy de amigas y amigos enamorándose por primera vez, esa cosa media outsider. Por algo el disco también se llama Esquemas juveniles. Igual es un disco triste. Sí, es supertriste, es como emo, se conecta con ese lado. Es melancólico a full.

“Además, sí, yo con Al siguiente nivel tenía la ambición de hacer un himno, como La voz de los 80, pero mío, y que fuera electrónico, así con los sonidos de los 8 bits, como hecho en un Atari, tipo Yellow Magic Orchestra. Pero que la letra hablara de eso, de un ímpetu, de ganas de hacer cosas. Tampoco hay la declaración política de algo, sino que simplemente las ganas de hacer cosas, como también de conectarse con gente por primera vez por internet, gente de México o Argentina”.

-Era la primera vez en la historia de la música que las canciones se podían compartir, podían viajar rápidamente a otra países, había una conexión sin intermediarios.

Claro, como que no existía esa cosa vanidosa que hay ahora, como que yo de repente tenía amigos de internet que hablábamos solo de música por Soulseek y el Fotolog era otra cosa, cualquier cosa, no existía ni la selfie, entonces la idea siempre era escuchar y compartir musca, mucho hiperfoco en la música. Eso era muy importante en esa época.

-¿Cree que hoy se ha perdido el foco en la música? ¿Los artistas están más preocupados de otras distracciones?

Sí, ahora hay muchos focos más; en esos años había bandas que escuchaba y ni siquiera les había visto la cara, como que solamente iba a buscar los discos, y ahora tiene mucho más que ver con el personaje en redes sociales, como que viene por otro lado. Pero es distinto nomás, yo tampoco me quejo, hay que jugar otros juegos, y la sociedad cambia, el mundo cambia, la cultura cambia también. La otra vez me fui al Cajón del Maipo y me preguntaba: ¿por qué ahora tengo que escuchar 80 músicos diferentes? ¿Por qué no puedo elegir tres discos y escucharlos y profundizar en esos discos? Antes yo pasaba un año escuchando cuatro, cinco, seis discos, y los profundizaba, y esa profundización en la música se perdió totalmente.

Gracias al espaldarazo de internet, cuando Esquemas juveniles salió a la calle en 2006 había un grupo leal de fans que ya conocía sus temas y los interpretaba en sus primeras tocatas, en una situación similar a la acontecida por otras figuras coetáneas como Gepe o Francisca Valenzuela: las incipientes plataformas digitales estaban haciendo su trabajo antes que la radio o las discográficas. “Era como Rojo fama contrafama, los que estaban en la tele, y nosotros haciendo música por otro lado, pero que a su vez también era pop”.

-Ustedes no estaban en Rojo, pero igual casi todos terminaron yendo al Festival de Viña. ¿Qué cree que pasó ahí?

Es que todos queríamos vivir de la música, había un ímpetu de profesionalizarnos y tiene que ver con que tu público crezca también. Y tampoco era que hacíamos música tan experimenta, o sea, yo hice un cover de Yo no te pido la luna. Conscientemente quise hacer pop para tener una carrera sustentable, para poder vivir de o que me gusta, por eso siempre le he hecho guiños a la música popular.

“Creo también que somos de una generación que fuimos los primeros en empezar a mostrar nuestra música para afuera y a decir ‘aquí existimos, existe Chile’ y no sólo a través de una disquera que debía invertir para poder salir fuera del país, sino que simplemente con MySpace. Llevamos a Chile al mapa mundial sin un sello, que es lo que pasó con la generación anterior, que necesitaban mucho para internacionalizarse. Eso fue muy revolucionario. Y no había tanta competencia como hoy, la sobrecantidad de contenido que hay hoy. Había poquitos lanzamientos”.

-¿Cree también que Esquemas juveniles expandió una sensibilidad hacia el mundo gay, que tampoco existía del todo en el pop chileno?

Esquemas juveniles es un disco universal que le gusta a todo el mundo, porque a veces me escribe gente hetero a mi Instagram y me dicen ‘oye, soy hetero y escucho tu música, pero no quiero que mis amigos sepan’. Y yo le digo ‘what?’. No es música como para gays, pero obviamente yo soy lesbiana y todo el imaginario de Esquemas juveniles es de amor muy lésbico. A mí me encanta, es muy lindo, pero eso no significa que sea música sólo para gays. Muy poco antes de Esquemas juveniles era ilegal ser gay, entonces no es menor que yo haya salido diciendo que era lesbiana, eso es un hito también. Siempre me dicen que soy la que inventó a las lesbianas. Te juro. Y me encanta.

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