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La Odisea: el examen más duro de Christopher Nolan

Tres años después de coronarse con Oppenheimer (2023), el reputado director encara su proyecto de mayor magnitud y adapta el épico relato de Homero. Un mundo que estuvo a punto de llevar a la pantalla grande hace dos décadas. La previa al estreno ha estado salpicada por expectativas, pero también por polémicas. El momento de la verdad llegará el próximo jueves 16, fecha en que debutará en salas nacionales.

La Odisea: el examen más duro de Christopher Nolan Melinda Sue Gordon/Universal Pictures

Memento (2000), la enrevesada película con Guy Pearce en el rol de un hombre con amnesia, le abrió las puertas de par en par a Christopher Nolan. Fuera de la satisfacción personal que puedan otorgar los premios –consiguió su primera nominación a los Oscar–, el éxito de su segundo largometraje fue vital debido a que causó que su nombre empezara a inspirar confianza en las altas esferas de la industria y le permitió situarse más cerca de oportunidades que hasta ese momento parecían una utopía.

La buena acogida de esa cinta permitió, por ejemplo, que lo contrataran para dirigir Insomnia (2002), remake de un filme noruego con Al Pacino, Robin Williams y Hilary Swank en los roles centrales. Una producción que originalmente iba a encabezar Jonathan Demme.

Melinda Sue Gordon/Universal Pictures

En medio de ese ascenso en Hollywood, en algún momento a inicios de los 2000, Warner Bros. decidió entregarle las llaves de una empresa de mayor tonelaje: una adaptación de la Ilíada en modo superproducción, con grandes estrellas y toda la fanfarria asociada a una obra de tamaña tradición y estatura.

La oferta llegó después de que el alemán Wolfgang Petersen, quien desarrolló el proyecto en un inicio, asumiera la realización de Batman vs. Superman para el mismo estudio. Pero cuando esa película de superhéroes se canceló, los ejecutivos echaron pie atrás: le devolvieron el puesto a Petersen y Nolan fue ubicado a la cabeza de una nueva versión del Hombre Murciélago. En otras palabras, uno terminaría haciendo Troya (2004), tal como estaba originalmente estipulado, y el otro se pondría detrás de Batman inicia (2005), la primera de sus cintas con Christian Bale en el rol principal y el comienzo de una nueva etapa del personaje de DC Comics en el cine.

El tiempo ha pasado y la sucesión de hechos ha terminado por confirmar que Nolan no estaba aceptando trasladar al cine la Ilíada como un mero encargo o como un paso para conseguir otra cosa. Se trata, como tanto se ha insistido, en “la madre de todas las historias”, una categoría que también se ajusta a la Odisea, el relato épico que ahora lleva a la pantalla grande transformado en el largometraje número 13 de su carrera.

Melinda Sue Gordon/Universal Pictures

¿Por qué ahora la Odisea? El director de El gran truco (2006) y Dunkerque (2017) ha sido majadero al señalar que hay oportunidades que simplemente no se pueden dejar pasar. Y en especial –habría que agregar– en un momento en que Hollywood se tambalea entre fusiones de estudios y reducciones de personal, cifras de taquilla fluctuantes y la incertidumbre que ha sembrado la irrupción de la inteligencia artificial. Así las cosas, resolvió el dilema como si se tratara de una encrucijada de ahora o nunca.

En este caso, tras el enorme fenómeno comercial y de premios que cosechó con Oppenheimer (2023), Nolan obtuvo un crédito holgado para hacer lo que se le diera la gana. Bajo su interpretación, eso no implicaba hacer un filme más modesto que su biopic sobre el físico detrás del Proyecto Manhattan, sino que uno de una magnitud mastodóntica. Una superproducción de la que se enteren hasta en el último rincón del mundo.

Nuevamente respaldado por Universal –su nuevo domicilio tras su comentada ruptura con Warner Bros.–, el realizador contó con manga ancha para adaptar a Homero y hacerlo a su antojo. Es decir, rodeado de sus colaboradores habituales (partiendo por Emma Thomas, su esposa y productora) y avalado por un presupuesto que no tiene nada que envidiarle al que tuvo Wolfgang Petersen hace dos décadas. En vez de replegarse, Nolan decidió lanzarse al vacío.

Melinda Sue Gordon/Universal Pictures

El reto de la adaptación

Christopher Nolan se recuerda a sí mismo con cinco años y observando la propuesta de una obra escolar realizada por niños un poco más grandes que él. Durante ese primer encuentro con el relato de Homero quedó impresionado tanto con el Caballo de Troya como con las diferentes entidades que el protagonista debe superar para completar con éxito su sufrido regreso a Ítaca.

Ahora, medio siglo después (este mes cumple 56 años), factura un largometraje de tres horas en que Odiseo (Matt Damon) debe enfrentar a cíclopes, dioses, sirenas y otra clase de obstáculos para volver a su tierra, mientras otros hombres juegan sus cartas para tomar la mano de su mujer, Penélope (Anne Hathaway), matar a su hijo, Telémaco (Tom Holland), y usurpar el trono.

Bajo el punto de vista del cineasta de Interestelar (2014), no se puede contar una historia de esa naturaleza adoptando una escala más mesurada. Por eso tiene a esos actores en los roles principales y a un extenso listado de figuras que podrían opacar al elenco de Troya y al de casi cualquier otro blockbuster de Hollywood.

Y por eso, también, decidió filmar la cinta con cámaras Imax, una técnica que empleó por primera vez en Batman: El caballero de la noche (2008) y que proyecto a proyecto ha usado cada vez con mayor entusiasmo. En ese sentido, él y el director de fotografía Hoyte van Hoytema registraron su mejor colaboración en Oppenheimer, pero ni siquiera esa película logró el hito de La odisea: ser el primer largometraje de ficción filmado íntegramente en ese formato.

Melinda Sue Gordon/Universal Pictures

Esta vez, gracias a su estrecha relación con la compañía, consiguió que se crearan carcasas especiales que reducen el sonido de las cámaras mientras están filmando, una mejora indispensable en particular para las escenas íntimas que poseen abundante diálogo. El resultado podrá verse en su formato original –proyección Imax de 70 mm y una relación de aspecto de 1.43:1– únicamente en unos 40 cines del mundo (ninguno en Chile), mientras que el resto de los complejos recibirán una versión adaptada que mantendría la épica perseguida por el director.

Acostumbrado a trabajar en la primera línea de Hollywood desde hace años, Nolan ha defendido con destreza los flancos abiertos producto de las diferentes decisiones creativas que cruzan su adaptación.

Un ejemplo: cierto sector de la audiencia reaccionó con molestia al enterarse de que una de las traducciones de la Odisea que revisó fue la de 2017 de la estadounidense Emily Wilson, la primera mujer en completar ese trabajo en inglés, quien en su momento fue cuestionada por sus críticos por su preferencia por emplear un lenguaje supuestamente demasiado sencillo (ella ha replicado advirtiendo que “el griego homérico no es un lenguaje denso; posee una claridad sintáctica”).

Nolan destacó que fue especialmente iluminadora la frase con la que comienza su traducción: “Háblame de un hombre complicado”, una interpretación que contrasta con otras disponibles anteriormente (“hábil en todas las formas de contienda” o “el hombre de muchas maneras“), y que, desde su perspectiva, cuadra mejor con el viaje que vive el héroe.

Melinda Sue Gordon/Universal Pictures

También ha tenido que responder obviedades, como por qué los personajes de su película hablan inglés contemporáneo y no otro idioma (el poema de Homero tiene casi 3 mil años de antigüedad). “Quizá fui ingenuo, puede que me arrepienta, pero quería una narrativa auténtica. Para mí era obvio”, planteó recientemente.

Menos serios son los pataleos en torno a que un hombre trans sea parte del elenco (Elliot Page asume el papel del guerrero griego Sinón) o que la actriz Lupita Nyong’o se encargue de interpretar a Helena de Troya –la mujer más bella del mundo– y a Clitemnestra, la reina griega.

En vez de responder cada punto de manera aislada, Nolan ha optado por quitarle importancia a esos reclamos. “Estas conversaciones que se producen antes de que la gente vea la película siempre son irrelevantes, porque nadie sabe aún de qué trata el filme”, indicó en entrevista con The Telegraph.

Respecto a la composición del elenco –que también incluye a Robert Pattinson, Zendaya, Charlize Theron, Jon Bernthal, el rapero Travis Scott y un largo etcétera–, Nyong’o afirmó que “apoyo plenamente la intención de Chris y la versión de esta historia que está contando. Nuestro elenco es representativo del mundo. No pierdo el tiempo pensando en defenderme. Las críticas existirán, independientemente de que yo las aborde o no”.

Melinda Sue Gordon/Universal Pictures

El día después

¿Qué hacer luego de finalizar una épica tan grandilocuente? Hace 22 años, en medio de la gira de prensa de Troya, Wolfgang Petersen reconocía lo intimidante que le resultaba imaginar el día después de terminar una obra de esa envergadura.

“Probablemente me quede en casa, mirando la pared, y quizá salte por la ventana... No lo sé. Por supuesto que no quiero hacer eso”, declaraba. La realidad es que el cineasta alemán sólo dirigió dos películas más (ninguna fue un éxito) antes de retirarse y fallecer en 2022 producto de un cáncer de páncreas.

Nolan es al menos diez años más joven de lo que era Petersen en esa época, por lo que si la salud lo acompaña tendrá la oportunidad de facturar nuevos trabajos y tal vez volver a retarse a sí mismo como lo ha hecho hasta ahora. Pero, como Hollywood es un negocio –y uno que atraviesa un momento delicado–, el rendimiento comercial de La odisea será seguido con lupa.

En lo inmediato, uno de los obstáculos que deberá sortear es que se lanzará en cines de Estados Unidos con calificación R, lo que significa que todo menor de 17 años deberá entrar acompañado de un adulto. Si hubiera optado por mostrar la violencia de forma menos explícita, Nolan podría haber aspirado a una calificación PG-13, pero prefirió mantenerse fiel a la feroz historia que está narrando y correr el riesgo.

Melinda Sue Gordon/Universal Pictures

Y tiene motivos para estar confiado: la última vez que una producción suya se estrenó con ese rótulo (Oppenheimer) se erigió como el tercer título más millonario de su año.

Lo que vino después ya lo sabemos: siete victorias en los Oscar y el mundo rendido a sus pies. Está por verse si puede repetir esa hazaña, esta vez con su versión del mayor relato de todos los tiempos.

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