Por Ignacio OlivaresLa poderosa muerte: Bob Weir y el fin de la utopía ácida
La partida del “último hippie” (como lo describió Trey Anastasio, del grupo Phish) puso la lápida a la Clase del ’65 y dictó el obituario de un movimiento que hoy se ve lejano, inocente y desteñido: el idealismo parece ya no tener cabida en la fría y exitista industria musical.

“Si puedes recordar los sesentas, entonces no estuviste ahí”. Esa frase, atribuida a Paul Kantner, de Jefferson Airplane, se convirtió en un aforismo colectivo de la escena que explotó en San Francisco a mediados de esa década. Para entonces, Bob Weir era un adolescente que había evadido la universidad por temas de dislexia y que vivía la música como un modo de expandir su conciencia. En el prólogo del libro “The Haight-Ashbury, a history”, el propio Weir estableció que el nacimiento del hippismo no fue un accidente sino una congregación de instintos artísticos y políticos contra las “fuerzas oscuras” (llámese el gobierno, la autoridad o la guerra de Vietnam). El joven músico se alió con Jerry García, un experimentado profesor de guitarra y banjo, y terminó formando Grateful Dead, la banda que definiría su época y la mayor exponente de la “Clase del ‘65” (conformada también por Big Brother and the Holding Company, The Quicksilver Messenger Service y The Jefferson Airplane).
Grateful Dead curtió su forma de hacer música a través de la improvisación en eventos promovidos por Ken Kesey, el escritor y gurú que convirtió la escena del LSD en un fenómeno comunitario que alteraba la percepción del tiempo y el espacio. Esta jarana sicodélica no era solo una apología al consumo, sino un método de exploración creativa que los miembros de la banda convirtieron en su caldo primordial. Como bien documenta Tom Wolfe en su “Ponche de ácido lisérgico”, el grupo no tocaba canciones estructuradas sino que abría una ventana a la improvisación eterna y -gracias a todo el equipo electrónico que le suministró su mecenas, Owsley Stanley- terminó generando una atmósfera que se definió como un ‘inmenso vibrato submarino’ y una ‘agonía en éxtasis’. Con todo ese ácido alrededor, se podía decir con propiedad que había química entre los músicos de Grateful Dead.
Antes de Monterey y Woodstock existió el festival Human Be-in, un encuentro que consolidó el distrito de Haight-Ashbury como el epicentro de la contracultura estadounidense bajo ideales de conciencia superior, vida comunal y empoderamiento personal. Ahí actuó Grateful Dead, que pasó a ser la golondrina que anticipó el Verano del Amor y que luego transportó su experiencia a grandes conciertos al aire libre. El grupo creó una nación en movimiento gracias a sus fanáticos recalcitrantes, los Deadheads, una manada de incondicionales que los seguía hasta el fin del mundo. En esas pródigas veladas de improvisación desarrollaron el anti negocio por esencia, al permitir que los fans grabaran los conciertos y los comerciaran como discos piratas (bootlegs). Contra toda lógica, este virtual suicidio financiero se transformó en la mejor promoción del grupo y le otorgó larga vida, mucho después de que el hippismo languideciera y los yuppies borraran de un plumazo todas las concepciones y la mitología de esa era.
Tras el fallecimiento del endiosado Jerry García en 1995, Bob Weir asumió el papel de custodio del legado de Grateful Dead a través de una serie de bandas tributarias. Aunque Weir siempre vivió a la sombra de García, logró encontrar su lugar como líder de facto y atrajo a nuevas generaciones al sonido y a la ética de su ex banda. Formaciones como The Other Ones, RatDog y finalmente Dead & Company (junto a John Mayer) terminaron por infiltrar parte del rock indie y alternativo y extender el manto de Grateful Dead mucho después de su extinción. Pero la muerte le llegó a Bob Weir el pasado 10 de enero, a los 78 años. La partida del “último hippie” (como lo describió Trey Anastasio, del grupo Phish) puso la lápida a la Clase del ’65 y dictó el obituario de un movimiento que hoy se ve lejano, inocente y desteñido: el idealismo parece ya no tener cabida en la fría y exitista industria musical.
COMENTARIOS
Para comentar este artículo debes ser suscriptor.
Lo Último
Lo más leído
Plan digital + LT Beneficios por 3 meses
Comienza el año bien informado y con beneficios para ti ⭐️$3.990/mes SUSCRÍBETE
















