Visita a Anne Carson
Lee la columna de Matías Rivas acerca de la autora canadiense que recibió el Premio Nobel de Literatura 2026.

La lectura de Anne Carson ocasiona un placer que sacude. Me acerqué a su libro, Hombres en sus horas libres, seducido por el título y un par de poemas que leí en una librería. Recuerdo que quedé sobrecogido y desconcertado. Nunca había leído a una autora que fuera capaz de calibrar con tanta exactitud la emoción de ciertos poemas con otros de índole intelectual, logrando un contrapeso perfecto. Carson articula sus obras como cajas de herramientas. Ocupa desde el guión de cine hasta la inclusión de conceptos filosóficos y chistes.
El volumen Decreación lo encontré al poco tiempo, y la sorpresa que me había generado su primer libro se extendió a éste. Sentí que estaba ante una poeta original y, a la vez, clásica, femenina, que incorporaba disquisiciones sobre el lenguaje en el tejido de sus obras.

La precisión para describir la aflicción sentimental, el paso del tiempo como una borrasca y las lecturas antiguas, son cuestiones claves en la poética de Carson. Las alusiones a personajes como Simonne Weil, la mística Marguerite Porete, Immanuel Kant, la bella Monica Vitti o el cineasta Michelangelo Antonioni, actúan como símbolos de una estética en la que está inscrita.
Si tuviera que recomendar un libro para conocer a esta autora, sin duda, me inclinaría por El ensayo de cristal. Una plaquette con poemas que contienen una cuota de misterio y cercanía. Al leerlos, la pregunta que surge es: cómo juntó las palabras de manera tan conmovedora y extraña.
Harold Bloom dedicó sendos estudios a la poesía de Carson. Tienen un efecto letal: en vez de ayudar a su lectura, pueden disuadir a los interesados. Bloom insiste en incorporarla a la tradición norteamericana que él le atribuye a Wallace Stevens. Y es un ejercicio forzado que limita la órbita por la que circula Carson. Intenta darle sentido a muchos poemas que son que no significan nada claro.

Anne Carson muestra su talento pleno como ensayista en Eros. El dulce amargo. Explora la imposibilidad de vivir el deseo sin padecer incomodidad. Para sostener esta idea, busca en la poesía de Safo una descripción de esta circunstancia ineludible. Pasa del análisis literario a las observaciones sobre la vida privada. Las conjeturas sobre el amor hacen de esta investigación una especie de complemento a los Fragmentos para un discurso amoroso de Roland Barthes.
Por último, no se puede eludir La belleza del marido. Un ensayo narrativo en 29 tangos. Es un libro de poemas que indagan en el desengaño. Posee un carácter autobiográfico evidente. Lo veo como un examen ejemplar de la intimidad. Doloroso, cercano, irónico y, por momentos, cruel: “supongamos que tu marido y cierta mujer oscura/ suelen quedar en un bar por la tarde./ El amor no es condicional./ Vivir es muy condicional./ La mujer se instala en una terraza cerrada al otro lado de la calle./ Observa a la mujer oscura/ que con la mano le toca la sien como si le estuviera metiendo algo./ Observa cómo/ él se inclina un poco hacia la mujer y luego se vuelven atrás. Están serios./ Su seriedad la atormenta. /Las personas que pueden estar serias cuando están juntas es porque tienen algo profundo”.
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