Editorial

Proyecto de reforma política en la recta final

El texto aprobado en la Cámara, tras el rechazo de la indicación que buscaba fusionar partidos para evitar su desaparición, pasó ahora al Senado. En los términos actuales, el proyecto es un paso positivo, pero aún insuficiente.

Aton Chile. SEBASTIAN CISTERNAS/ ATON CHILE

El proyecto de reforma política impulsado por el gobierno dio el miércoles pasado un nuevo paso al ser aprobado en segundo trámite por la Cámara de Diputados y queda sólo su revisión en el Senado. La apuesta del ejecutivo es lograr que la norma sea despachada antes del fin del gobierno, sin embargo, los plazos son estrechos y no hay certeza de que ello se logre. Pese a eso, la ratificación en la Cámara por 99 votos a favor, 22 en contra y ocho abstenciones es un avance importante, pero se logró tras algunas modificaciones al proyecto original y el fallido intento por incorporar una norma transitoria que hubiera permitido a los partidos que no lograron el umbral requerido fusionarse con colectividades mayores o entre ellos para evitar su disolución.

Esa indicación, que había sido introducida por el gobierno como una vía para sumar apoyos, pero cuya versión final fue presentada por la Federación Regionalista Verde Social, habría representado un serio retroceso para la reforma al validar un mecanismo que iba en contra del espíritu inicial de los cambios. El perfeccionamiento del sistema política es un paso clave, aunque no el único, para asegurar una mejor gobernabilidad. La existencia de más de una veintena de partidos políticos sumado al hecho de que dentro de las propias colectividades surgen muchas veces figuras o grupos que operan en forma autónoma sin atenerse a los lineamientos superiores hacen complejo para cualquier gobierno avanzar en acuerdo que permitan impulsar su agenda.

Por ello lo que ahora deberá ser discutido por el Senado es un paso positivo, pero que está muy lejos de ser suficiente. Para responder al actual escenario de fragmentación política es necesario fijar umbrales más exigentes para el ingreso de los partidos al parlamento, como sucede en democracias avanzadas e impulsar paralelamente una reforma del sistema electoral. La resistencia de colectividades menores y del Partido Comunista ha hecho difícil progresar por ese camino. Ante esa imposibilidad, los pasos dados en el proyecto que se encuentra ahora en su tercer trámite son un aporte, aunque falte aún mucho camino por recorrer. La iniciativa eleva las exigencias para la formación de los partidos, se refuerza el control parlamentario y se sanciona a los díscolos.

Para operar adecuadamente una democracia debe contar con partidos políticos sólidos y que sean fieles representantes de las distintas corrientes de opinión que existen en una sociedad. Por ello es importante evitar, como ha sucedido en el último tiempo, que el sistema de partidos termine fragmentándose por la existencia, entre otras causas, de incentivos perversos que favorecen aventuras personalistas o la creación de pymes políticas. En ese sentido, la norma en discusión, de aprobarse, da un paso importante, al limitar el financiamiento a los partidos que obtengan representación parlamentaria y evitar que los parlamentarios que se cambien de comité se lleven consigo los recursos que le corresponden, los que permanecen en el comité de origen.

Siendo positivos los pasos dados en el proyecto que deberá ahora discutir el Senado, es claro que se trata sólo de un primer paso y que aún queda mucho por avanzar para corregir efectivamente las deficiencias que actualmente tiene nuestro sistema político y que debilita la gobernabilidad.

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