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Endulzantes sin azúcar: libres de calorías, pero no de efectos secundarios

Si bien es cierto los edulcorantes tienen el mismo efecto que el azúcar en el cerebro –generar la sensación de dulzor–, no existe evidencia científica de que provoquen elevación de la glicemia. Sin embargo, si se consumen en dosis altas hay un impacto negativo en los hábitos nutricionales, explican distintos especialistas. También habría una correlación entre su uso y una peor salud metabólica en la vejez.

¿Qué tan sanos son los endulzantes artificiales para la salud? Esto es lo que dice la evidencia actual

Hasta ahora existe un consenso entre la comunidad médica a nivel mundial: los edulcorantes son una buena alternativa para reemplazar el consumo de azúcar, tanto en personas diabéticas como en aquellas que buscan consumir menos calorías. Sin embargo, no son una panacea, y su uso en grandes cantidades también puede tener efectos negativos en la salud a largo plazo.

Para entender mejor cómo funcionan los endulzantes, María Cristina Escobar, directora de Nutrición y Dietética de la Universidad Andrés Bello, sede Concepción, explica que en el mercado existen dos tipos de productos: naturales y artificiales. Ambos son no nutritivos, es decir, no aportan calorías. Y aunque no todos se metabolizan de la misma forma, para el control de la diabetes, por ejemplo, la mayoría se consideran seguros.

Una aclaración importante: la miel no es un endulzante libre de calorías, y su uso en personas diabéticas está restringido al igual que el azúcar.

Entre los edulcorantes naturales está la stevia, que “junto con ser de origen natural, algunos estudios sugieren que tiene un “efecto neutro o ligeramente beneficioso en la sensibilidad a la insulina”, explica la especialista. Además, hay otros como la alulosa y la tagatosa.

La miel no es un un endulzante libre de calorías y, como tal, no es recomendable para diabéticos ni para personas que buscan control de calorías.

Dentro de los edulcorantes artificiales, la sucralosa y aspartame son “muy estables y ampliamente estudiados”; sólo el último debe evitarse en personas con fenilcetonuria.

También están los edulcorantes derivados de alcoholes de azúcar, como el eritritol o el xilitol, los cuales, según la nutricionista, “tienen pocas calorías, pero consumidos en exceso pueden causar malestar gastrointestinal”.

Aunque no todos los endulzantes se metabolizan de la misma forma, para el control de la diabetes, por ejemplo, la mayoría se consideran seguros, dice María Cristina Escobar, director de Nutrición y Dietética UNAB sede Concepción.

La doctora Adriana Sapiro, académica de la U. de Tarapacá, retrata que durante un tiempo se instaló entre los consumidores la idea binaria de que el consumo de azúcar es malo y el de los edulcorantes, bueno, cuando la evidencia es más matizada que eso.

Lo que es real es que el cerebro reconoce el sabor dulce “venga del azúcar o edulcorantes, pero eso no significa que tengan los mismos efectos en la salud”, explica.

Lo que ya sabemos es que los endulzantes, a diferencia del azúcar, no elevan la glicemia. Sin embargo, sí tienen un lado B. Quienes los utilizan, ante la idea de poder mantener el umbral del dulzor sin sumar calorías extras, van aumentando la dosis, lo que hace que su cerebro se acostumbre a los sabores extremadamente dulces.

¿Cuál es el problema? Que esto termina provocando que “las frutas o alimentos naturales nos parezcan insípidos”, dice la doctora Sapiro, lo que dificulta mantener una dieta saludable a largo plazo. “Que los edulcorantes no tengan calorías no significa que sea saludable abusar de ellos”, ratifica.

Endulzantes y salud metabólica: una correlación a estudiar

La relación entre lo que comemos y la salud del cerebro es hoy un tema central en la investigación neurológica. Así lo explica la neuróloga Carolina Delgado, del Hospital Clínico Universidad de Chile, quien señala que tanto el consumo de azúcar como el de edulcorantes sí deben mirarse con cautela cuando se piensa en el cuidado cognitivo a largo plazo.

Los edulcorantes, señala la especialista, han tenido una masificación desde los años 80, de la mano de la industria de los productos “light”. Y si bien cumplen con el objetivo de reducir la ingesta calórica y pueden ayudar a evitar el aumento de peso, con el tiempo han surgido asociaciones preocupantes a nivel poblacional.

“Estudios observacionales han vinculado su consumo con un mayor riesgo de eventos cerebrovasculares”, comenta, lo que abre interrogantes sobre su impacto real en la salud cerebral.

“La salud cerebral está estrechamente conectada con la salud metabólica general”, explica la neuróloga Carolina Delgado.

Más allá de estos productos específicos, la doctora Delgado enfatiza que los hábitos alimentarios influyen de manera decisiva en el funcionamiento del cerebro. “La salud cerebral está estrechamente conectada con la salud metabólica general”, indica.

Cuando hay parámetros como la presión arterial, los niveles de glicemia, el colesterol o el peso corporal se alteran, se produce daño cerebrovascular e inflamación cerebral. Son estos factores los que aumentan el riesgo de deterioro cognitivo y demencia.

La buena noticia, agrega Delgado, es que gran parte de este daño es prevenible. Estos factores dependen en buena medida del estilo de vida, incluyendo la alimentación, la actividad física, el consumo de tabaco y alcohol, además de la calidad del sueño. En ese contexto, una dieta rica en azúcares refinados y alimentos ultraprocesados favorece la inflamación y las alteraciones metabólicas, con consecuencias negativas para la función cognitiva a mediano y largo plazo.

Algunas recomendaciones sobre el uso de endulzantes

Frente a este escenario, la recomendación actual es clara: disminuir tanto el consumo de azúcar refinada como el de edulcorantes. Más que sustituir uno por otro, el foco está en “educar el paladar”: reducir la necesidad de sabores intensamente dulces y reaprender a disfrutar el dulzor natural de los alimentos.

A la hora de tratar pacientes con diabetes, las pautas médicas para el consumo de azúcar, edulcorantes y alimentos ultraprocesados no puede ser rígidas ni estandarizadas. Así lo plantea el doctor Bruno Grassi, médico nutriólogo y diabetólogo de la UC, quien enfatiza que todo caso es diferente, y que cualquier cambio en la alimentación debe construirse de “manera realista y personalizada”, considerando los hábitos, preferencias y contextos de cada paciente.

El objetivo de toda persona debe ser “reducir gradualmente la necesidad de que todo sepa intensamente dulce”, explica la académica de Nutrición y Dietética UNAB Daniela Sarmiento.

En la práctica clínica, explica Grassi, la transición hacia una dieta más saludable no se logra con prohibiciones abruptas ni con recomendaciones difíciles de cumplir.

“Si alguien está acostumbrado a tomar tres litros de Coca-Cola al día, no va a tomar agua de hibisco mañana”, señala. Normalmente, se plantean metas que sean logrables para los pacientes.

En ese sentido, optar por versiones sin azúcar puede ser un primer paso válido en determinados casos: “Si tengo una señora ultra diabética y obesa, que toma tres litros de Coca-Cola al día… bueno, bienvenida a la Coca-Cola zero”. Sin embargo, el mensaje de fondo es transversal: el consumo de azúcar añadida está hoy ampliamente desaconsejado, tanto en personas con diabetes como en la población general.

Entre los consejos prácticos para “entrenar el paladar”, la nutricionista Daniela Sarmiento, académica de la Escuela de Nutrición y Dietética de la UNAB, explica que el éxito en el control metabólico reside en la “reeducación del gusto”. En lugar de buscar el “reemplazo perfecto” para el azúcar, relata, el objetivo debe ser “reducir gradualmente la necesidad de que todo sepa intensamente dulce”.

Algunos consejos que Sarmiento entrega para reducir el consumo de edulcorantes en esta época del año es tomar agua como prioridad. “La mejor bebida siempre será el agua mineral o natural, que puedes saborizar con rodajas de limón, menta o pepino”, dice.

A ello, se suma la tarea de leer las etiquetas de los productos. “Muchos productos 0% azúcar contienen maltodextrina o jarabes que sí elevan la glucosa”, manifiesta. Además, la gradualidad permite la costumbre. En vez de usar 3 sobres de edulcorante, comenzar a bajar a 2 durante una semana, y luego solo un sobre la próxima. “El paladar se adapta más rápido de lo que crees”, sentencia.

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