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La estrategia de China en Irán tras los ataques de Estados Unidos e Israel

Beijing condenó el asesinato del líder supremo iraní, Alí Jamenei. Activó contactos con el liderazgo persa interino y reiteró su rechazo a un cambio de régimen impuesto desde el exterior, mientras busca resguardar sus intereses energéticos y estratégicos en la región.

Banderas de China e Irán. Foto: archivo

Luego de la muerte del líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Jamenei, producto de los ataques de Estados Unidos e Israel del sábado pasado, China condenó enérgicamente el asesinato en un comunicado oficial emitido por el Ministerio de Relaciones Exteriores de China.

El ministro de Relaciones Exteriores de China, Wang Yi, sostuvo que el asesinato de un jefe de Estado y la promoción de un cambio de régimen resultan “inaceptables”.

En ese contexto, Beijing realizó consultas con Rusia para evaluar las repercusiones del hecho y evitar una mayor inestabilidad regional. Asimismo, la Cancillería china rechazó el ataque de Estados Unidos e Israel contra el líder iraní y advirtió sobre sus efectos en la estabilidad de la región. Además, reiteró su oposición a cualquier intento externo de imponer un cambio de régimen en Irán, al considerar que vulnera su soberanía, y precisó que la actual dirigencia definirá el proceso de sucesión.

Los intereses de Beijing en Teherán

“China sigue de cerca la evolución de la situación para resguardar el suministro energético, dado que importa cerca del 80 % del petróleo iraní”, según afirmó la directora de estudios del centro de estudios Modern Diplomacy, la doctora Nadia Helmy.

Y, según el medio emiratí The National, el 38 % del crudo que se comercia a través del estrecho de Ormuz va destinado a China.

Y, si bien el gigante asiático no participa formalmente en la elección del nuevo Líder Supremo —atribución exclusiva de la Asamblea de Expertos, integrada por clérigos iraníes—, ejerce influencia indirecta debido a su alianza estratégica con Teherán.

En ese marco, y tras la muerte de Jamenei, Beijing buscaría asegurar una transición ordenada que preserve la estabilidad institucional, en particular del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI), con el fin de proteger sus inversiones.

China activó canales de comunicación con las autoridades interinas, entre ellas el presidente Masoud Pezeshkian. Además, inició contactos con el consejo de liderazgo interino de Irán —compuesto por el presidente, el jefe del poder judicial y un miembro del Consejo de Guardianes— para garantizar la continuidad de los acuerdos vigentes y la coordinación económica y de seguridad durante el período de transición.

En adelante, se prevé que el gigante asiático continúe como el principal socio económico y político de Irán, al considerar su estabilidad clave para sus proyectos regionales y su seguridad energética. En esa línea, autoridades iraníes, como el canciller Araghchi, han señalado que el enfoque institucional del fallecido Jamenei se mantendrá, lo que refuerza la continuidad de la relación bilateral.

Así, a pesar de la ausencia de un papel oficial chino en la selección de líderes iraníes, China sigue siendo un actor influyente en el panorama de la teocracia persa gracias a su apoyo a la estabilidad interna.

Beijing prefiere una transición fluida del poder que garantice la continuidad de los acuerdos estratégicos a largo plazo que tiene con Irán, afirmó la investigadora de Modern Diplomacy.

Vista aérea de un puerto en el estrecho de Ormuz. Foto: archivo

Apoyo multifacético

Por esta razón, China tendería a favorecer a figuras “pragmáticas” dentro de los círculos de toma de decisiones iraníes, favoreciendo a líderes que apoyan una orientación hacia el Oriente. Por ejemplo, el secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán, Ali Larijani, se posicionó como una figura cercana a Beijing dado su papel en la consolidación de las relaciones y negocios diplomáticos con el gigante asiático.

En una columna publicada por el medio Middle East Eye, el presidente del Centro de Shanghái para Estudios Estratégicos e Internacionales de RimPac, Nelson Wong, explicó que el apoyo de China opera en una dimensión estratégica. El apoyo a Irán por parte de Beijing es “real, multifacético y, en cierto modo, más sostenible que una intervención militar; simplemente opera en una longitud de onda estratégica diferente”.

El mes pasado, el embajador chino ante la ONU, Sun Lei, transmitió un mensaje contundente a Washington: “El uso de la fuerza nunca resolverá los problemas. Solo los hará más complejos e insolubles. Cualquier aventurerismo militar solo empujaría a la región hacia un abismo impredecible”.

Con esto, se prevé que China mantendrá su enfoque de brindar asistencia a Teherán. Según afirma Helmy, la investigadora de Modern Diplomacy, lo más probable es que “China mantenga sólidas relaciones con el nuevo liderazgo elegido por la Asamblea de Expertos de Irán para garantizar la estabilidad del suministro energético y proteger sus inversiones”. A la vez, la doctora asociada al centro de estudios afirma que se espera que China desempeñe un papel de mediación diplomática del conflicto, posiblemente buscando actuar como una “fuerza estabilizadora” para prevenir una guerra regional a gran escala que podría perjudicar la Iniciativa de la Franja y la Ruta y sus intereses económicos en Oriente Medio.

El presidente chino, Xi Jinping. Foto: Xinhua Li Gang

En consecuencia, independientemente del cambio en el Líder Supremo de Irán, China interactuará con el nuevo liderazgo iraní a través de varios pilares estratégicos de la relación Beijing-Teherán. Las relaciones chino-iraníes se basan en intereses a largo plazo que trascienden los cambios de liderazgo, gracias al Programa de Cooperación China-Irán y a la asociación estratégica integral de 25 años. China e Irán firmaron un acuerdo integral de cooperación en 2021, que incluye inversiones chinas masivas de hasta 400.000 millones de dólares en los sectores del petróleo, el gas, la industria petroquímica e infraestructura.

Teherán rescatada

Helmy también explicó que la alianza geopolítica desempeña un papel fundamental en la promoción de los intereses ideológicos de ambas partes en el hemisferio. China e Irán se consideran parte de un eje que se enfrenta a la “hegemonía occidental”.

Como resultado de esto, la alianza energética entre ambos países es significativa, pero problemática en la medida en que terminan siendo el objetivo de las sanciones de Occidente.

Por ejemplo, el año pasado, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos impuso sanciones a una refinería china en la provincia de Shandong, acusada de comprar petróleo iraní por valor de más de mil millones de dólares. La administración Trump prometió “reducir a cero las exportaciones ilícitas de petróleo de Irán, incluyendo a China”. Y la embajada de China en Washington respondió condenando las sanciones que “socavan el orden y las normas del comercio internacional” e “infringen los derechos e intereses legítimos de las empresas chinas”.

Debido a lo anterior, una que otra vez las refinerías estatales chinas han suspendido las compras para evitar los riesgos financieros de Estados Unidos. Pero, según explica el presidente del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales de RimPac, Wong, la trayectoria general es clara: “China proporciona el oxígeno económico que sustenta la resistencia de Irán a la presión externa”.

Donald Trump y Marco Rubio vigilan ataque a Irán. Foto: Casa Blanca

Así, China estaría ofreciendo a Irán protección diplomática, económica e institucional, pero sin cruzar la línea hacia la confrontación directa con Occidente.

“Para quienes se preguntan si China ‘rescatará’ a Irán, la respuesta depende de la definición. Si rescate significa tropas y acorazados, la respuesta es no. Si el rescate significa garantizar que Irán pueda sobrevivir, resistir y, eventualmente, negociar desde una posición de fuerza, la respuesta es un sí silencioso, persistente y estratégico’, afirmó Wong.

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