Por Juan Manuel OjedaEl paso al frente de Chevesich en el año de la purga de la Suprema
De bajo perfil y sin buscar protagonismo, la magistrada podría convertirse en la presidenta del máximo tribunal, pese a la amenaza de que la ministra María Angélica Repetto le compita. En la peor crisis de la judicatura, la jueza ha logrado erigirse como un rostro capaz de llevar adelante al Poder Judicial y, a su vez, tener la dureza para defender la magistratura de los ataques lanzados desde el Congreso.

El jueves 27 de noviembre la ministra Gloria Ana Chevesich se subió a un avión y emprendió rumbo a Brasilia. La suprema, que integra la Cuarta Sala, viajó hasta Brasil para representar a Chile en el X Encuentro del Foro de las Cortes Supremas del Mercosur. Ese tipo de comisiones de servicio, encargadas por el pleno del máximo tribunal, se han vuelto reiteradas en la magistrada.
El sigiloso protagonismo de Chevesich no solo ha implicado representar a la Suprema en instancias internacionales, sino que lo más relevante ha sido el silencioso rol que ha asumido la magistrada en la peor crisis del Poder Judicial desde la dictadura.
Para nadie en la magistratura es un misterio que la severa magistrada -que saltó a la fama en el año 2003 al investigar el caso MOP-Gate- se transformó en una aliada estratégica del presidente Ricardo Blanco.
El magistrado, a quien le costó tomar el timón de una Suprema fuertemente cuestionada por un caso de corrupción en plena etapa expansiva, ha contado con el respaldo de Chevesich en cada uno de los pasos que ha dado para abrir sumarios, enviar a supremos a la extinta Comisión de Ética e incluso remover ministros salpicados por la trama de corrupción que se destapó por los chats del abogado Luis Hermosilla.
Una crisis que se ha transformado en una purga, dado que los ministros cuestionados han ido cayendo uno a uno a medida que se ventilan más antecedentes, se abren investigaciones penales y se anuncian acusaciones constitucionales.
Fuentes del máximo tribunal comentan que Chevesich, al igual que como lo hizo durante años el exsupremo Sergio Muñoz, ha ejercido tácitamente como presidenta en las sombras. Sin embargo, a diferencia del liderazgo acaparador de Muñoz, quien solía opacar al presidente de turno, Chevesich ejerce su liderazgo con tacto, sin pasar a llevar a Blanco y sin buscar protagonismo.
La sombra de Repetto
Chevesich sabe que pronto llegará su turno. El lunes 15 de diciembre está fijado el pleno para votar por el sucesor de Blanco. Si la tradición de elegir al ministro más antiguo se respeta, la Suprema tendrá un hito relevante en sus 200 años de historia: la primera presidenta mujer.
Esto debido a que la posta llegaría en manos de Chevesich. Pese a que los vientos judiciales corren a su favor, los ánimos en el pleno no son los mejores. De hecho, en las últimas semanas han vivido fuertes tensiones cruzadas entre los propios magistrados. Tanto así que de manera soterrada un grupo de ministros promueve que la ministra María Angélica Repetto surja como una posible contendora.
Hasta hace poco, el escenario era adverso para Chevesich. El pleno ha resentido la dureza con la que ha enfrentado la crisis y ve con malos ojos la sensibilidad que tiene ante la reacción de la opinión pública por cada decisión que tome la Suprema. Además, algunos ministros toman distancia de su figura por el protagonismo que suele adquirir la magistrada.
En plena embestida del Congreso -con la dupla socialista de los diputados Daniel Manouchehri y Daniela Cicardini anunciando acusaciones constitucionales y lanzando amenazas veladas previo a la votación de algunas remociones-, hace unas semanas hubo un pleno en que un grupo de ministros -Mario Carroza, Diego Simpertegui y María Teresa Letelier, entre otros- golpeó la mesa exigiendo que la Suprema pidiera respeto al Poder Legislativo.
Fue el 7 de octubre cuando Chevesich hizo una jugada que tuvo eco en la Suprema. Tras participar en el Congreso del debate respecto de la partida de presupuesto del Poder Judicial, la magistrada al salir marcó su punto: “El Poder Judicial es muy respetuoso de los otros poderes de Estado. Como hemos sido muy respetuosos, también creo que debería aplicar la reciprocidad. O sea, que no haya un ataque frontal a determinados ministros, sino que se actúe dentro del marco de la Constitución y las leyes”.
Chevesich no dudó en afirmar que por parte de los diputados “ha habido algunos comentarios que no corresponden”. Luego hizo una solicitud al Poder Legislativo: “Exigimos reciprocidad, eso significa que haya un buen trato, un buen ambiente, una buena disposición respecto de los otros poderes de Estado”.
Esa vocería de Chevesich aplacó, en parte, las críticas en los ministros más escépticos al hecho de que se transforme en la próxima presidenta del máximo tribunal. Sobre todo por el hecho de que demostró tener capacidad de defender al Poder Judicial ante la opinión pública y ante la rudeza de otro poder del Estado, en este caso el Congreso.
Pese a las notorias divisiones que hay en el pleno del máximo tribunal, fuentes judiciales comentan que Chevesich corre con ventaja. Este año la magistrada ha construido un polo de influencia relevante en alianza con Blanco, la ministra Andrea Muñoz y el ministro Leopoldo Llanos.
A ese núcleo más duro se suman algunos integrantes de lo que en su momento fue conocida como la patrulla juvenil de la Corte de Apelaciones de Santiago: la ministra Jessica González y el ministro Omar Astudillo. A ellos se suma también el supremo Manuel Valderrama.
La amenaza de que en último momento surja competencia ha ido perdiendo fuerza. Sobre todo por el hecho de que eso expondrá las divisiones del pleno al momento de que se publique el acta con los votos. Además, en el máximo tribunal recuerdan de mala forma la última vez que hubo competencia para elegir a un presidente.
Fue en 2019 cuando el exministro Lamberto Cisternas envió una carta al pleno anunciando sus intenciones de competir contra el exministro Guillermo Silva -el más antiguo ese año- por la presidencia del máximo tribunal. Esa aventura fue un fracaso. Cisternas solo tuvo su voto y el de la exministra Ángela Vivanco.
Además, el intento por romper la tradición de antigüedad envejeció mal. Cisternas ha salido salpicado por los chats de Hermosilla, y Vivanco fue destituida del Poder Judicial. La exsuprema, además, está como imputada en la trama bielorrusa y arriesga quedar en prisión preventiva por los presuntos delitos de cohecho y lavado de activos.
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