Por Rodrigo Yáñez Chile-Perú: mirando la próxima década
La integración económica entre Chile y Perú es una de las más virtuosas en la región. Ambos países han construido una asociación basada en la apertura al mundo, y la convicción compartida de que el comercio y la inversión son herramientas fundamentales para impulsar el crecimiento y generar oportunidades para las personas.
El comercio bilateral se ha multiplicado más de cinco veces (alcanzando US$ 3.500 millones en 2025) tras la entrada en vigor del TLC de 2009, mientras que las inversiones reciprocas (que superan los US$ 15 mil millones) han contribuido al desarrollo de sectores tan diversos como la minería, la energía, el retail, la logística, la agroindustria, los servicios y la conectividad. Pero el valor de esta relación no radica únicamente en lo que hemos logrado construir, sino en lo que todavía podemos construir.
La XX Reunión del Consejo Empresarial Chile-Perú, a realizarse el próximo 10 de junio, es un buen ejemplo del potencial futuro de la relación. El Consejo despliega su agenda en un momento de cambios de ciclos políticos y de incertidumbre económica global. Por lo mismo, desde el sector privado se busca dar una señal concreta: nuestros intereses y ambiciones mutuas trascienden a la coyuntura.
En este sentido, contamos con las herramientas adecuadas y habilitantes, como las convergencias en sectores productivos (minería, energía, agroindustria y muchos otros) y la participación en instancias de integración comercial globales (como la Alianza del Pacífico, CPTPP o APEC).
Solo para profundizar en el sector minero, Chile y Perú representan hoy cerca del 40% de la oferta mundial de cobre, y nuestros países se han propuesto proyectar una meta de 51%. En un escenario donde Estados Unidos, la Unión Europea y los países asiáticos compiten por asegurar minerales críticos, esa concentración deja de ser sólo un dato productivo y se convierte en un tremendo activo para el posicionamiento global de ambos países.
Construir una agenda económica ambiciosa y comprehensiva de cara a la próxima década depende necesariamente de una voluntad política pero también empresarial. El tango se baila de a dos. Los gobiernos cumplen un rol fundamental en la construcción de las condiciones que permitan el crecimiento, pero su materialización depende también de que las compañías decidan arriesgar, innovar e invertir.
La XX Reunión del Consejo es entonces un paso importante para retomar el ritmo en propuestas y mecanismos de integración bilateral concretos que sean ejecutables y monitoreados en el tiempo, en materias con potencial como minerales críticos, conectividad, puertos e infraestructura, servicios y transición energética.
La oportunidad de proyectar una agenda bilateral real y concreta para la próxima década está ahí. Desde el sector privado existe convicción para tomarla y fortalecer los espacios de articulación público-privada a nivel binacional.
Por Rodrigo Yáñez, secretario general de Sofofa
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