Por Javier VegaCostos laborales y automatización
En su más reciente Informe de Política Monetaria (Ipom), el Banco Central de Chile volvió a alertar sobre una realidad que es ineludible: el empleo formal registra un débil crecimiento. Uno de los principales factores identificados es el aumento sostenido de los costos laborales, impulsado por mayores remuneraciones y nuevas obligaciones legales para las empresas. Este fenómeno está afectando la contratación formal, especialmente en los segmentos de menor calificación.
A este escenario se suman medidas que están en plena implementación -como la reducción de la jornada laboral a 40 horas y los incrementos graduales del salario mínimo-, así como otras que se discuten en el Congreso, entre ellas la eliminación del tope legal a las indemnizaciones por años de servicio. Estas iniciativas aumentan la rigidez del mercado laboral y encarecen aún más la contratación formal. El problema no es solo el mayor costo directo para las empresas, sino la señal de incertidumbre que se envía a los empleadores, especialmente a las pymes y a los sectores intensivos en mano de obra.
Es preocupante constatar que el empleo está creciendo a tasas paupérrimas. El último dato del INE se registró un crecimiento de solo 0,2%, el más bajo en cuatro años. Por su parte, el desempleo escaló hasta casi el 9%, mientras la desocupación femenina llegó al 10,1% en el trimestre marzo-mayo.
En la práctica, cuando contratar es caro y despedir es aún más costoso, muchas empresas reaccionan postergando decisiones de inversión o externalizando funciones. Pero también -y cada vez más- optando por la automatización. Y este no es un riesgo lejano o teórico.
Un reciente estudio del Banco Central de Chile, elaborado con microdatos de más de 80.000 empresas y casi 3 millones de trabajadores, demuestra que la automatización ya está afectando al empleo en nuestro país. Sus resultados indican que el uso de maquinaria está asociado a una caída en el empleo de los trabajadores de ingresos medios y bajos, especialmente en sectores como transporte, servicios empresariales e información.
Lo que muestra este estudio es que, al seguir encareciendo y rigidizando la contratación formal, estamos acelerando un fenómeno que ya está en marcha: el reemplazo de personas por máquinas en sectores con tareas repetitivas y rutinarias. Y son precisamente los trabajadores con menor formación los más expuestos a quedar fuera del mercado laboral formal.
El desafío no es proteger los empleos del pasado a cualquier costo, sino crear las condiciones para que las empresas generen nuevos y mejores puestos de trabajo y puedan adaptarse a los constantes cambios que plantea la disrupción tecnológica. Para eso se requiere un marco regulatorio moderno, flexible y que reconozca las profundas transformaciones que ya están ocurriendo en el mundo del trabajo. Persistir en el camino contrario solo profundizará las brechas que decimos querer cerrar.
*El autor de columna es economista
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