Por Jorge HeineDel “bencinazo” al “arancelazo”

Al iniciarse la actual guerra en el Medio Oriente, con un ataque de EE.UU. e Israel en contra de Irán el 28 de febrero, el entonces presidente electo José Antonio Kast apoyó dicho ataque, aduciendo que siempre estaría a favor de “la libertad”. El alza en los precios del petróleo provocado por la guerra tendría un impacto muy negativo en Chile, importador neto del preciado líquido.
Este impacto se vio multiplicado por la cuestionable decisión del ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, de traspasar este aumento de precios en forma íntegra al consumidor de una sola vez, llevando a la mayor alza de precios de los combustibles en el pasado reciente, y el impacto inflacionario consiguiente.
Desde entonces, el Presidente Kast ha continuado con una política de apoyo irrestricto a las políticas del Presidente Trump. Asistió a la cumbre del “Escudo de las Américas” en Miami el 7 de marzo. Respaldó la decisión del Departamento de Estado de cancelar las visas de tres autoridades del gobierno de Chile con relación al proyecto del cable Valparaíso-Hong Kong. En una visita a Washington, el canciller Pérez Mackenna se ufanó de haber sido recibido por el secretario de Estado, Marco Rubio, y proclamó que Estados Unidos era “el principal socio estratégico” de Chile. En una frase que ahora suena a ironía, llegó a decir ”es una relación que se había resentido durante un tiempo, pero la estamos recomponiendo”.
Sin embargo, nada de esto evitó que EE.UU. le impusiera a Chile un arancel de un 12.5 % el 23 de julio, aunque Chile cuenta con un TLC con ese país desde 2004, el primero firmado por EE.UU. con país sudamericano alguno. Aquellos que pensaron que alinearse con Trump y sus dudosas políticas le garantizaría a Chile protección en la guerra arancelaria de Washington, no lo pueden creer.
Esta incredulidad es digna de mejor causa. Lo ocurrido no debe sorprender. En la actual coyuntura internacional, marcada por la pugna EE.UU-China por la primacía global, la peor estrategia es alinearse ciegamente con una de las partes en pugna. El arrimarse a Washington, dando a entender que se hace por razones ideológicas, precisamente en momentos en que la administración Trump abdica de muchos de los valores que Estados Unidos alguna vez enarboló, incluyendo el libre comercio y el multilateralismo, ambos claves en la política exterior de Chile, hace esto especialmente inentendible. Al hacerlo, se pierde autonomía y todo poder de negociación, quedando a merced del “socio estratégico principal”, en este caso, EE.UU.. Este no tiene incentivos para conceder favores a un subordinado, cuyo papel, por definición, es seguir órdenes y no exigir concesiones.
Es por ello que el mejor camino para Chile es el del No Alineamiento Activo, un enfoque que pone el interés nacional al frente, no se abanderiza con ninguna de las potencias en pugna, y está siempre a la búsqueda de nuevas oportunidades en el entorno internacional. Poner todos los huevos en una sola canasta nunca ha sido una buena idea.
Por Jorge Heine, Profesor honorario, Instituto de Estudios Internacionales, U. de Chile
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