Opinión

Destinos turísticos saturados

El gasto de los argentinos en Chile con tarjetas de crédito RAUL ZAMORA/ATON CHILE

Con más de 6.400 kilómetros de costa, siete sitios declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, 73 viñas turísticas, cerca de 200 termas y 11 centros de esquí, nuestro territorio ofrece una diversidad difícil de igualar en términos turísticos, que hoy nos posiciona como uno de los destinos más atractivos de Sudamérica.

Para el cierre de este verano se proyecta un aumento cercano al medio millón de turistas extranjeros respecto de la temporada anterior. Destinos emblemáticos ya anticipan esta alta presión: Pucón podría recibir hasta 700 mil visitantes; Puerto Varas, 650 mil, y Viña del Mar, cerca de 1,5 millones de personas. ¿Están nuestras ciudades y destinos preparados para absorber tal demanda?

La respuesta es incierta, porque la saturación turística no es solo una percepción, sino que un fenómeno medible que impacta infraestructura crítica, la calidad de vida de los residentes y la experiencia turística misma, expresada en la disponibilidad de servicios básicos por visitante. Todo ello se agrava cuando falta capacidad de gestión, inversión y coordinación pública.

Pero Chile no parte de cero. El Programa Estratégico Nacional Transforma Turismo incorpora el desarrollo del Índice de Saturación de Destinos Turísticos (ISDT), que ya ha sido piloteado en algunos territorios. Este tipo de monitoreo es clave, ya que permite clasificar los destinos según niveles de saturación y activar medidas diferenciadas, tal como ocurre con los episodios críticos de contaminación atmosférica. ¿Por qué no avanzar hacia un sistema similar para el turismo a escala nacional?

No hacerlo tiene costos evidentes, pues solo desde el punto de vista económico el turismo representa cerca del 3,5% del PIB y genera alrededor de 600 mil empleos. Una mala gestión de la demanda puede poner en riesgo ese aporte, desincentivar visitas futuras y tensionar la convivencia entre turistas y comunidades locales, hasta el punto de provocar el colapso de los sistemas urbanos y ambientales.

Nuestro país aspira a seguir posicionándose como un destino de clase mundial y, para lograrlo, la planificación y el monitoreo no son opcionales, sino que la condición mínima para que el turismo siga siendo un activo y no un problema.

Por Martín Andrade, director ejecutivo de Corporación Ciudades.

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