Por Camilo FeresEl bolsillo de payaso

El fin de todo guante blanco entre los gobiernos entrante y saliente ha marcado la recta final de la administración Boric y, de paso, le pone un nuevo tono a la asunción de la era Kast. Atrás quedan el atemperado discurso del republicano una vez electo; el educado llamado con el Presidente en ejercicio y la republicana primera cita entre ambos. El Mapocho siempre vuelve a Bilbao.
Pero la decisión de los equipos del Presidente electo de pasar a la ofensiva y la diferenciación con la administración saliente no es sorpresiva y retoma, de hecho, un tono bastante más coherente con el de las huestes republicanas y afines que, en el fondo, no quieren una ceremonia ordenada de traspaso sino un abrupto desalojo. Una idea que no es ni nueva ni muy sofisticada.
La pregunta es, entonces, por qué José Antonio Kast se decide a abandonar su tono mesurado y conciliador, adquirido tras resultar electo, para reemplazarlo por el modo sin filtros. El efecto lógico de una ruptura de este tipo es la consolidación de los votos duros y la marginación de los blandos. Es probable que, ante el choque de versiones, el 30% irreductible de Boric le crea a él, pero de eso no se deduce que un 70% restante le crea o le encuentre razón a Kast.
Pero incluso si se tratara de un encuadre de mayorías, la trampa de la polarización es que se cocina a fuego alto, demanda permanentemente más leña. De ahí que resulte curioso el giro de Kast, no porque no tenga motivos para levantar la confrontación y la desconfianza -los episodios a los que se alude para escenificarla son reales y el mal manejo del gobierno de Boric al respecto también-, sino porque no parece tener el tipo para sostener una diferenciación agresiva permanente. No es Milei, tampoco es Trump.
Por lo mismo, es probable que la explicación no ha de ser buscada en las acciones u omisiones del gobierno saliente sino más bien en la experiencia de estos meses intentando configurar una estrategia de gobierno que concilie las altas expectativas sembradas en campaña con la siempre dura realidad. Lo que ha visto José Antonio Kast y su equipo es una oportunidad para matizar esas promesas, moderar las expectativas y, sobre todo, compartir las responsabilidades.
Lo que está haciendo Kast y su equipo es coser un bolsillo de payaso, uno del cual poder sacar explicaciones, culpables y trucos para gestionar lo que se viene desde el 11 de marzo en adelante. No es una estrategia para esta semana, sino una para los primeros 90 días de gobierno y por alguna razón su lectura es que requerían para eso a los leales más activados, que es demasiado pronto para dormirlos.
Ahora bien, si en el plano local la estrategia será más de trinchera, cobra mayor relevancia el viaje del Presidente electo a la cumbre “Shield of the Americas”, un encuentro con lo más granado del universo MAGA y sus acólitos en la región, en el que huelga decir que nadie celebrará su pulsión moderada y donde, por el contrario, se ensalza y premia la altisonancia, la beligerancia y la sumisión.
Por Camilo Feres, director de Asuntos Políticos y Sociales de Azerta
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