Opinión

El desafío demográfico en Chile

La caída de la fecundidad está redefiniendo la dinámica demográfica mundial y perfila uno de los desafíos estructurales más relevantes para las economías en las próximas décadas. En la mayoría de los países de la OCDE, con excepción de Israel, la Tasa de Fertilidad Global (TGF), que mide el número promedio de hijos que tendría una mujer si las tasas actuales de natalidad se mantuvieran constantes, se ubica por debajo de la tasa de reemplazo de la población, estimada en 2,1 hijos por mujer, nivel necesario para que la población se mantenga estable de una generación a otra.

Chile no escapa a esta tendencia, aunque destaca por la rapidez del cambio. Entre 1950 y 2025, la TGF cayó desde 4,8 a 1,1 hijos por mujer, una disminución de 3,7 puntos. Se trata de una de las caídas más pronunciadas entre las 38 naciones de la OCDE, solo superada por Corea del Sur (5,4), Costa Rica (5,0), Turquía (4,9) y Colombia (4,8).

Para comprender este proceso, conviene observar su evolución en el tiempo. La fecundidad viene disminuyendo desde la década de 1960 y alcanzó la tasa de reemplazo aproximadamente en los años 2000. Entre 1992 y 2005, la TGF descendió gradualmente desde 2,51 a cerca de 1,8, una transición demográfica esperable en un país en desarrollo con mayor urbanización y educación femenina. Posteriormente, entre 2005 y 2013, se mantuvo relativamente estable en torno a 1,7 y 1,8.

El cambio más abrupto se produjo a partir de 2014: en apenas una década, la TGF cayó desde 1,79 a 1,1, una velocidad de descenso sin precedentes en la historia demográfica del país.

Detrás de esta evolución convergen múltiples factores que se refuerzan entre sí: mayor educación femenina y acceso a anticoncepción, postergación del matrimonio y la convivencia, aumento del costo de la crianza en contextos urbanos, inestabilidad habitacional que dificulta planificar proyectos familiares y, especialmente, un cambio cultural en las preferencias reproductivas, particularmente entre mujeres jóvenes.

Las proyecciones del INE hacia 2070 muestran un escenario de alta incertidumbre. En su estimación central, la TGF se estabilizaría entre 1,2 y 1,5 hijos por mujer, lo que implicaría una disminución moderada de la población en el largo plazo. Si la fecundidad se mantiene en niveles más bajos, el país enfrentaría una reducción demográfica más pronunciada, con consecuencias relevantes para el sistema de pensiones, el mercado laboral y el crecimiento potencial de la economía.

Las señales de esta transición ya son visibles en la natalidad. Los nacimientos pasaron de cerca de 290.000 en 1992 a aproximadamente 154.000 en 2024, una reducción de 47% en tres décadas. La caída se profundizó durante la pandemia y, a diferencia de lo ocurrido en otros países, no se ha observado una recuperación posterior.

Aun así, la población total ha seguido creciendo gracias a la inercia demográfica y a la migración. El país pasó de 13,8 millones de habitantes en 1992 a cerca de 20,3 millones en 2025. El INE estima que este crecimiento se detendría hacia 2036, cuando la población alcanzaría alrededor de 20,5 millones, para luego comenzar a disminuir. Desde entonces, la migración neta sería el único factor capaz de sostener el tamaño de la población.

Las implicancias de este proceso se manifestarán con rezago: en una década habrá menos estudiantes en colegios; en veinte años, menos trabajadores jóvenes ingresando al mercado laboral; y en tres o cuatro décadas, una proporción mucho mayor de adultos mayores dependientes. Precisamente por eso, estas tendencias deben incorporarse desde ahora en las decisiones de política pública en educación, pensiones, mercado laboral e infraestructura.

*El autor de la columna es decano de la Facultad de Economía y Administración de la PUC

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