Por Alfredo Jocelyn-HoltEl gobierno de Kast hasta ahora

Suena prematuro hablar de un gobierno que aún no asume sus funciones, aunque ¿cabe duda alguna? La administración saliente nunca se ha comprometido a cumplir sus deberes mínimos; de ahí que ahora último Boric y Compañía Ltda. aparezca como gente prescindible, debiendo Chile correr con gastos y desfalcos, amén de los delirios teóricos. Ni digamos cuanto alivio es dejar atrás a quienes “habitaron” los cargos e hicieron de nuestras vidas una agonía continua cuatro años seguidos. Hay también ventajas mezquinas, en especial de los confiados de derecha convencidos de que se ha vuelto a cierta normalidad exitista acostumbrada. Desde luego, Francisco José Covarrubias quien no quiere más, en un sentido distinto al que cabría esperar de un conservador encorbatado; según él, no hay “emergencia” que zanjar en este país [sic] y, ¡aleluya!, todo indicaría que vamos en Chile hacia un tercer gobierno piñerista consensuado. Aún más sospechoso, Tironi concuerda. Kast ya no es Kast, afirma el sociólogo; Gabriel le ha dejado un “país estabilizado y con una agenda—seguridad, migración, crecimiento y orden—ya fijada”. ¿Es que falta no más que José Antonio llame a Gabriel y a Eugenio para que le cuenten cómo hacerlo “con guitarra”? No vaya a ser que “el alemán” siga siendo un vecino cualquiera, “orientado a su vida familiar”, encumbrado de repente a la primera magistratura después de regar su jardín, como Carlos Peña pinta al próximo gobierno ya en curso, lo niegue o no.
Es decir, hágale preguntas típicas a alguna Inteligencia Artificial online y comprobará que le responde en términos algorítmicos, apoyada en columnistas calcándose; uno de ellos, “diariamente necesario”, aun cuando antiguos lectores se quejen de él con razón. Semejante doxa sólo sirve para un debate público banal, comprensible sólo para seguidores acostumbrados a una sarta de trivialidades, como esos fanáticos que confunden el fútbol de cancha sudada con el de los comentaristas deportivos.
François Furet lo decía distinto. Afirmaba que la política moderna excede en información y en “penuria de medios intelectuales para interpretarla”. Análogo a cuando se trata a Kast, sin hacerse cargo de un país sin horizonte con el que tendrá que lidiar en marzo. El efecto de tres revoluciones estancadas y conflictivas, aún sin éxito en hacerse definitivamente de Chile: la autoritaria pinochetista en su momento, calificada hoy de ultraderechismo (en veremos si Kast se sube o no a ese carro), la financiera mercadista o modernización según Peña (liberalismo “evolutivo” versión Covarrubias) y esa combinación mutuamente odiosa entre el estalinismo y la Nueva Izquierda por la que hincha el publicista camaleónico. Así piensan el Chile atascado, al que insisten en hacer perdurar. ¿Cuándo dejarán de representar intereses facciosos adivinables?
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