Por Rosario NavarroEl Grito de Munch: más y mejores empleos

En un momento de transición política, nuestro país enfrenta una oportunidad decisiva para hacer balance y proyectar prioridades. Más allá de la contingencia y de los énfasis propios de cada administración, tenemos a la vista desafíos estructurales que condicionan el bienestar de millones de personas, que no admiten postergación y que requieren continuidad, convicción y acuerdos amplios.
Una de las obras más icónicas del arte expresionista no solo captura una emoción desgarradora. La figura central de El Grito, con su rostro distorsionado y su gesto de pánico, puede leerse como una metáfora de la angustia silenciosa de quienes viven en la pobreza. Esa vulnerabilidad se vuelve aún más evidente frente a tragedias como los recientes incendios, que no solo destruyen hogares y entornos productivos, sino que también profundizan la fragilidad social y económica de las familias más expuestas.
Los últimos resultados de la Encuesta Casen dan cuenta de la trayectoria descendente que ha seguido la pobreza. La baja a 17,3% (desde 20,5% en 2022), calculada de acuerdo con la nueva metodología, merece ser reconocida porque da cuenta de un país que no se resigna y que, con esfuerzo colectivo y convicción, ha sido capaz de mejorar las condiciones de vida. Esto es reflejo de décadas de políticas públicas, crecimiento económico y una red de apoyos sociales que han permitido que millones de personas superen condiciones de privación.
Sin embargo, no podemos conformarnos. Detrás de esta reducción progresiva hay un grito ahogado y persistente: una parte importante del rezago se explica por las dificultades que enfrentan las familias más vulnerables para insertarse en el mercado laboral.
Este es el problema estructural que Chile debe enfrentar con urgencia. Los subsidios y transferencias cumplen un rol indispensable -protegen, amortiguan shocks y evitan retrocesos dramáticos-, pero no pueden transformarse en la única fuente de ingresos permanentes. Un reciente estudio del PNUD señala que entre 2022 y 2024 el 87% de la reducción de la pobreza se explicó por la recuperación del ingreso del trabajo, mientras que las transferencias tuvieron un rol secundario. Durante la pandemia el Estado fue un amortiguador indispensable, pero en tiempos de normalización, es el empleo el que vuelve a ser el principal motor de movilidad social.
¿Qué piensan los chilenos del empleo? Una encuesta reciente encargada por Sofofa muestra que tres de cada cuatro personas reconocen que cuando el país crece de acuerdo con su potencial hay más y mejores empleos. Además, un porcentaje mayoritario lo vincula a la reducción de la desigualdad, mejores sueldos y calidad de vida.
Y la evidencia lo confirma. Según los datos de Casen 2024, los hogares con al menos un integrante trabajando en una empresa grande registran apenas 4,4% de pobreza monetaria, frente a un 17,3% a nivel nacional. nivelen el ámbito multidimensional, en 18 de las 20 carencias consideradas, los trabajadores de empresas grandes presentan menores privaciones que el promedio nacional. No se trata únicamente de ingresos: se trata de estabilidad, formalidad y mejores condiciones para desarrollar un proyecto de vida.
Es por eso que el crecimiento no es una obsesión. Detrás de cada punto del PIB hay empleos, oportunidades, movilidad social y dignidad. Este consenso social debiera ser una señal potente para el debate público. Chile no necesita elegir entre crecimiento y cohesión social, se requieren ambos, sin uno no hay otro y viceversa.
No podemos permitir que la precariedad y el estancamiento laboral se normalicen, por eso necesitamos pasar al modo acción. Tenemos 3,5 millones de razones para no esperar, ese es aproximadamente el número de personas que viven en la pobreza.
Chile necesita un nuevo marco laboral que responda a los desafíos del futuro del trabajo. Se requiere reducir las barreras a la contratación formal, más flexibilidad e inclusión real de jóvenes, mujeres y mayores de 55 años.
No basta con cambios regulatorios. Sabemos la importancia de un aprendizaje continuo, por eso fomentamos la capacitación y reconversión de los trabajadores. El personaje del cuadro de Edvard Munch parece abrumado por un mundo que cambia rápidamente. Nuestra responsabilidad es anticiparnos a los cambios tecnológicos y del mercado laboral, formando a las personas para los nuevos desafíos.
Ciertamente es una buena noticia que se avance en la reducción de la pobreza. Pero si queremos resolverla de manera sostenible, no basta con contenerla. Es imperativo abordar los problemas estructurales del mercado laboral, un desafío que nos interpela y que, como Sofofa, hemos decidido poner en el centro de nuestra próxima Jornada de Desarrollo Empresarial Sostenible.
La solución a este “grito” social debe ser la creación de oportunidades reales. La respuesta directa a la desesperación por la falta de recursos es generar más y mejores empleos, que proporcionen estabilidad y propósito, transformando la desesperanza en un proyecto de vida sólido.
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