Por Gonzalo CorderoEs necesario recordar

Muchas veces olvidar es un mecanismo de defensa, pero tantas otras recordar es un requisito de supervivencia, porque la única manera de aprender de los errores para no volver a repetirlos es recordarlos, ya que no hay aprendizaje en el olvido. Además, como la mente humana está llena de sutilezas y laberintos, olvidar no significa únicamente borrar los hechos de la memoria, sino también distorsionarlos, hacerlos mutar en su naturaleza y, por esa vía, eludir responsabilidades y enseñanzas.
Hace cuatro años los chilenos rechazamos por un amplio margen el texto de nueva Constitución redactado por más de dos tercios de los convencionales. Concluía así un ciclo que se había iniciado el 18 de octubre de 2019, con la legitimación de la violencia, con los intentos de destituir el gobierno democrático y con medios de comunicación que, en gran medida, ni siquiera fueron acríticos, sino que se sumaron entusiastas a la destrucción de las instituciones sobre las que se sostiene nuestra democracia liberal, para recordar el concepto de moda.
Mirado con la perspectiva del tiempo, comienza a instalarse la idea de que aquello fue un desvarío, un período en el que Chile se perdió en la locura refundacional. Visto así, se corre el riesgo de generar una suerte de equivalente a la eximente de responsabilidad penal por hallarse privado de razón. Pero la realidad no es esa, ni mucho menos. Es verdad que, como ha ocurrido muchas veces en la historia, la influencia de liderazgos disociadores puede llevar a la mayoría a validar conductas que racionalmente no aceptarían, pero aquel texto, aprobado por la Convención y rechazado por los chilenos, no era ningún desvarío. Era y es el proyecto de sociedad que promueve la izquierda chilena.
“No es perfecto, pero se acerca a lo que siempre soñé”, dijo entonces la expresidenta Bachelet. Y es lo que sigue soñando, podríamos agregar. El documento que hace poco redactó el Frente Amplio reivindica exactamente la misma mirada. En una columna publicada este 4 de septiembre en El Mercurio, Fernando Atria afirma que la consecuencia del triunfo del Rechazo es “que dejó a Chile en camino a una dictadura”.
Este es el problema y nuestro drama. Desde la aparición del marxismo y su influencia devastadora como categoría de análisis de la realidad, conviven en América Latina y en Chile, por cierto, dos miradas completamente incompatibles acerca de la manera de organizar la sociedad, así como de la constitución y ejercicio del poder legítimo. Hace 4 años una de esas miradas fue derrotada, pero obtuvo un 38% de apoyo y sigue plenamente vigente en una dirigencia que la reivindica sin pudor.
Hubo, si se quiere, un contexto de desvarío que le dio visos de viabilidad al proyecto refundacional, pero sus propuestas -justicia plurinacional, eliminación del Senado, inflación de derechos hasta el absurdo, etc.- constituyen la esencia permanente del proyecto de la izquierda latinoamericana que intentarán concretar cada vez que puedan. Es necesario recordarlo siempre.
Por Gonzalo Cordero, abogado
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