Editorial

Inconveniente negociación de votos

El hecho de que el senador Kusanovic haya transparentado que su voto en favor del proyecto sobre reconstrucción “no va a costar barato”, es un desprestigio para la actividad política, al aparecer capturada por lógicas meramente transaccionales.

6 AGOSTO 2025 SENADOR ALEJANDRO KUSANOVIC. FOTO: DEDVI MISSENE Dedvi Missene

Ha sorprendido la crudeza con que el senador de Magallanes, Alejandro Kusanovic -independiente, ex RN-, transparentó su molestia con La Moneda, amenazando con que planea votar en contra la idea de legislar del proyecto de ley sobre reconstrucción nacional que presentó el gobierno. Si bien ha esgrimido razones como que la iniciativa tiene un “montón de problemas”, el motivo de fondo radicaría en que, según su propia versión, ningún representante del gobierno se ha acercado a dialogar con él para cerrar un apoyo al proyecto, y en cambio el Ejecutivo ha preferido negociar con sectores de izquierda. Asimismo, resiente que se hayan designado a una serie de autoridades regionales que, según él, no eran las que previamente se habían acordado. Ante ello, Kusanovic ha hablado de “deslealtad”, señalado que “mi voto no va a ser barato, va a costar el doble de lo que negociaron con los demás”, sin entregar mayores detalles al respecto.

Si bien el proyecto de reconstrucción encontró un holgado respaldo en la Cámara de Diputados -no solo producto de que logró alinear a los parlamentarios del oficialismo, sino también a los del PDG-, en el Senado la realidad es distinta, donde el oficialismo requiere críticamente sumar otros votos para aprobar la idea de legislar. Un eventual descuelgue de Kusanovic sería un hecho ciertamente muy complejo para el gobierno, de modo que el parlamentario sabe que su voto efectivamente podría costar “caro”. Más allá de si el gobierno pudo haber incumplido acuerdos con Kusanovic, lo cierto es que se esperaría de un parlamentario que ante todo vote sobre la base de convicciones -lo que supone una lealtad básica con el ideario que se supone ha orientado su quehacer político- y no en función de lógicas meramente transaccionales o por meros arrebatos, especialmente cuando lo que está en juego son decisiones cruciales para el futuro del país.

Los partidos políticos y el Congreso ya atraviesan por un fuerte desprestigio, en buena medida fruto de la desconexión con las preocupaciones de la ciudadanía y porque muchas veces aparecen encapsulados en disputas por satisfacer intereses que van en su propio beneficio, y el caso de Kusanovic no hace más que darle la razón a quienes miran con desconfianza la actividad política. El hecho que de forma tan cruda haya quedado expuesto que el voto podría depender finalmente de cuánto esté dispuesto a entregar el gobierno, naturalmente que lleva a la ciudadanía a preguntarse qué otros parlamentarios podrían estar en la misma situación y si acaso el gobierno ha accedido a sus petitorios, sembrando así un inconveniente manto de duda sobre toda la actividad política.

Actitudes como las que se han conocido allanan el camino hacia el populismo, ante lo que cabe apelar a la responsabilidad de quienes están en la actividad política, porque es su deber evitar que esta caiga en el descrédito. También es un recordatorio sobre la importancia de que la política se haga sobre todo a través de grandes partidos que sean suficientemente representativos; si bien ello no es garantía de que se incurra en pulsiones populistas, reduce el riesgo de que proyectos importantes dependan al final de negociaciones individuales, con los riesgos que ya se han visto.

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