Opinión

La llegada de la motosierra

José Antonio Kast

Apenas 48 horas después de resultar electo, el 16 de diciembre de 2025, José Antonio Kast viajó a Argentina para visitar al presidente trasandino Javier Milei. Hubo un momento que destacó en la gira: Kast, posando junto a Milei con la motosierra en la mano. Consultado por dicha fotografía, Kast intentó bajarle el perfil, señalando que “no haremos lo mismo acá”.

El pasado sábado 14 de marzo, el Presidente Kast anunció el “Plan de Reconstrucción Nacional”, compuesto por medidas administrativas y el compromiso de enviar un proyecto de ley al Congreso. El plan es una mezcla de diversas reformas en materias tales como rebaja tributaria para empresas, limitación de la gratuidad universitaria, desregulación, liberalización del mercado de suelos y orden público.

Si bien podemos coincidir en la importancia de la reconstrucción de las zonas afectadas por los incendios, la extensión de esa gramática de la “reconstrucción” a materias sociales, económicas e institucionales, no solamente resulta injustificada, sino que también busca camuflar la pulsión desreguladora que la fundamenta.

El plan busca sonar técnico, pero basta escuchar las declaraciones hechas por los ministros y por el propio Kast para ver que existe un proyecto político detrás de este. En ese sentido, el ministro de Hacienda ya remitió un oficio ordenando recortar US$4.000 millones en gasto ministerial, sin especificar las motivaciones o áreas donde se debe reducir, simplemente que hay que recortar un 3% en cada una de las carteras. El presidente del Partido Republicano fue más directo al señalar que se debe hacer un raleo entre los funcionarios públicos, ya que supuestamente su número sería excesivo. La reducción como fin en sí mismo.

Así, a menos de una semana de asumida la nueva administración, ya se avizoran los tiempos de la motosierra en Chile. Máquina que representa un proyecto político que exhibe al Estado como la causa estructural de los problemas económicos y sociales, de lo que se sigue su reducción sistemática como una señal de éxito por sí misma. Mientras más se corta, mejor. El tamaño del recorte es el logro, como lo demuestran las primeras señales del gobierno.

Pero estos recortes tienen consecuencias concretas. Nuestro país ya tiene uno de los gastos públicos más bajos de la OCDE: 28,2% del PIB, frente al 42,6% del promedio. Tenemos apenas un 8,46% de funcionarios respecto de la población laboral activa, cuando el promedio OCDE es de 18,41%. No ostentamos un Estado enorme, más bien uno que opera al límite de sus capacidades. Recortarlo no es eficiencia, es desmantelarlo, y justamente, así volverlo más ineficiente.

Ante este escenario, el progresismo tiene una tarea urgente, la cual no puede reducirse sólo a la denuncia de los proyectos del gobierno. Esto implicaría el error de convertirse en defensor del statu quo, de una burocracia que la propia ciudadanía experimenta muchas veces con frustración. En la vereda contraria, la derecha ha sido hábil en conectar las fallas reales del Estado con su proyecto ideológico de reducción. Es por esto que el progresismo tiene que lograr conectar las fallas reales estatales con la necesidad de transformarlo en beneficio de las personas.

La motosierra ya llegó a Chile, la pregunta es si el progresismo va a ofrecer solo resistencia o tendrá la audacia de proponer un Estado que la ciudadanía quiera defender porque reconoce en él su propio bienestar. Todas estas temáticas se abordan en el libro “Desmontando la Motosierra”, que será lanzado el 18 de marzo por Rumbo Colectivo.

Por Sebastián Winter, investigador Rumbo Colectivo

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