Por Cristina VioLa mitad de la democracia

Han pasado más de 70 años desde que una mujer asumió por primera vez como ministra de Estado en Chile, pero la presencia equilibrada de mujeres y hombres en los espacios de poder sigue siendo un desafío pendiente.
La salida de tres ministras del gabinete del Presidente José Antonio Kast redujo sustantivamente la presencia femenina en el gobierno y volvió a poner el tema sobre la mesa.
Según un análisis de 2025 de la Biblioteca del Congreso Nacional, desde comienzos de este siglo se observa una tendencia al aumento de la presencia femenina en los gabinetes, aunque con diferencias significativas entre gobiernos. Durante el primer gobierno de Michelle Bachelet, la representación de mujeres osciló entre el 40% y el 50%; en el primero de Sebastián Piñera, entre el 18% y el 27%; en la segunda administración de Bachelet, entre el 35% y el 39%; y en el segundo gobierno de Piñera se mantuvo cercana al 29%. Gabriel Boric comenzó con un gabinete mayoritariamente femenino, con un 58,3% de ministras, y terminó con 11 mujeres, equivalentes al 44% de las carteras.
El gobierno de José Antonio Kast comenzó también con 11 mujeres. Sin embargo, a cinco meses de iniciado su mandato, actualmente solo 8 de los 25 ministerios son encabezados por mujeres: un 32%.
Existen mecanismos para fomentar la participación de mujeres en cargos de decisión -cuotas, paridad, incentivos-, pero lo cierto es que, para que estos se traduzcan en avances efectivos y sostenibles, debe existir la íntima convicción de que la participación de las mujeres no es solo fundamental para el pleno desarrollo de sus vidas, sino también esencial para nuestra democracia.
La baja de representación de mujeres no es trivial. Estamos hablando de dejar fuera de los espacios de decisión a la mitad de la población, la mitad del talento y a una diversidad de experiencias y perspectivas que deben estar presentes allí donde se adoptan decisiones que nos afectan como sociedad.
Como lo señala la Carta Democrática Interamericana, la participación plena e igualitaria de las mujeres constituye un elemento fundamental para la promoción y el ejercicio de la cultura democrática. Porque la democracia no se agota en el derecho a elegir, sino que exige una participación política efectiva, no solo simbólica. De esta forma, cada cambio ministerial no se trata solamente de quiénes salen o ingresan a un gabinete, sino de la señal que se entrega respecto de la presencia y participación de las mujeres en la toma de decisiones.
Si ignoramos este impacto aumentamos el riesgo de asumir que la experiencia masculina constituye la norma o el punto de vista predeterminado, y que las mujeres pueden ser representadas permanentemente por otros.
Resulta extraño que sean siempre ellas quienes deban ser representadas mayoritariamente por hombres y no al contrario.
Más mujeres tomando decisiones no es una concesión ni un gesto comunicacional. Es una cuestión de equidad, de representación y, en definitiva, de resguardo de nuestra democracia.
Por Cristina Vio, directora ejecutiva de ComunidadMujer
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