Por Tatiana KlimaLa moral como emboscada

Hay una escena que se repite en Chile con inquietante comodidad: alguien lanza una “bomba” en televisión, sin nombre pero con suficientes pistas para que las redes hagan el trabajo sucio, y el resto observa. Algunos aplauden, otros guardan silencio, y la aludida queda expuesta en una vitrina que nadie eligió construir, pero todos ayudaron a sostener.
Lo ocurrido recientemente con la ministra vocera de gobierno —la más visible del actual gabinete— no es un episodio de farándula política. Es un síntoma. Y merece ser leído como tal.
El argumento de quien destapó la historia fue que, si este gobierno quiere exponer sus valores, él expone sus contradicciones. Comparto que se deban mostrar las inconsistencias, sobre todo en una administración que ha asegurado estar por sobre los estándares morales de la mayoría de quienes no están de acuerdo con ellos. Sin embargo, eso se hace mediante la fiscalización de sus políticas, su gestión y sus declaraciones; pero nunca a costa de la vida privada. *Utilizar la intimidad como munición, basándose en un relato que supuestamente habría ocurrido hace años y que carece de cualquier impacto en el ejercicio público actual, no es disidencia. Es oportunismo.*
El problema no es solo quién disparó. El problema es el silencio que vino después.
Las mujeres del oficialismo brillaron por su ausencia. Resulta decidor que, en una entrevista posterior, la actual ministra de la Mujer no fuera capaz de deslizar ni una sola palabra para condenar el hecho. Desde la oposición, hubo gestos honestos, pero fueron aislados. Los hombres, de todos los sectores, simplemente no existieron en esta conversación.
Porque los hombres en política nunca han sido juzgados por lo que hacen de la cintura para abajo. Es más: tengo la convicción de que, si esta historia fuera sobre un ministro hombre, la misma audiencia que hoy condena, probablemente lo habría aplaudido o celebrado como una anécdota de virilidad. *Para ellos es una medalla; para nosotras, una mancha.*
Tampoco hubo mea culpa de los medios. Nadie se hizo responsable de la cadena. La información circuló, los clicks llegaron, y el daño quedó.
Tengo críticas profundas al desempeño de la ministra en su rol. Como vocera, su gestión sigue estando al debe y la comunicación estratégica del gobierno mantiene vacíos que no se llenan con presencia mediática. Pero una cosa es la evaluación de la funcionaria pública y otra, muy distinta, es que un personaje de la farándula pretenda dictar la pauta pública ventilando la intimidad de hace años. Confundir ambas es exactamente el tipo de violencia que decimos querer erradicar cuando nos conviene.
Las mujeres en política seguimos cargando una mochila que no existe para nuestros pares. Tenemos que demostrar más y aguantar más. Y cuando algo personal se filtra —sin importar cuánto tiempo haya pasado—, debemos explicar quiénes somos moralmente antes de que nos permitan hablar de política.
Eso es estructural. Mientras no lo nombremos así, seguiremos siendo cómplices. Porque si la política se mide por las sábanas, la democracia es la que termina durmiendo a la intemperie.
Por Tatiana Klima, socia directora de Criteria Comunicaciones.
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