Por Alfredo Jocelyn-HoltLa obra abierta de la Bombal

Qué fascinante hallazgo el de Felipe Toro, profesor de Literatura de la UC: haber encontrado la obra teatral El Canciller, de María Luisa Bombal—que se creía perdida—, en la Biblioteca del Congreso de Washington. Más allá de ser una joya olvidada, el texto abre múltiples posibilidades interpretativas. De ahí la curiosa necesidad de “presentarla” de manera algo inusual.
Para empezar, no es que se haya optado por un estreno o una nueva puesta en escena, habiéndose montado antes, y existiera, al menos, alguna idea vaga o medianamente formada de qué trataba, faltando no más el guion original extraviado. Para nada, el caso: el guion circuló y, siendo más que un libreto, no se limita a los diálogos de los personajes. Detalla indicaciones técnicas y de representación, así como de gestos y emociones para que los actores retraten a sus personajes. Fue presentado a directores de Broadway y despertó interés, pero al abordar un “tema controversial” de la Guerra Fría, se consideró inoportuno producirlo. Extraña desaparición, aunque comprensible que Felipe Toro, en su calidad de editor y prologuista, se viera incitado a presentar el manuscrito de esta manera, del que, por cierto, también es traductor. Sabía que Bombal había escrito el texto en inglés y que había acordado con Carlos George Nascimento publicarlo en español. Optó por agregar más suspenso con ello—¿no le parece?—y eso que ni siquiera se había subido el telón aún.
La trama, por su parte, se basa en un hecho real, aunque sujeto a especulaciones: un suicidio de origen dudoso o asesinato (la muerte de Jan Masaryk, canciller checoslovaco durante el exilio de guerra y bajo el primer gobierno tras 1945, con comunistas, quienes terminan por tomarse el poder). Es decir, consiste en una representación teatral cum thriller, aunque con una larga espera sin un desenlace claro. De ahí las notas al pie de Felipe, nuestro apuntador, que remiten a dicha historia y funcionan como otra versión en paralelo. Además, ¿por qué no pensar —sugiere Felipe— que Bombal quiso “corregir” este callejón sin salida? Parece más un ensayo de obra con actores que una obra definitiva con personajes. Bombal, para mayor suspenso, llegó incluso a barajar la idea de convertir esta pieza teatral en novela.
Uno sigue esta línea y todo apunta a que esta obra está destinada a leerse, más que a escenificarse. Estimula mejor así la imaginación. Las lecturas son infinitas. Y no es sólo Bombal quien fija el juego. Felipe lo advierte: esta obra “es Bombal y, al mismo tiempo, no es Bombal”. Por supuesto, si esto suena a Pirandello, Borges y Umberto Eco, o evoca “Los papeles de Aspern” de Henry James, no es por mera coincidencia. Brillante agudeza, la de Felipe Toro y su “presentación”. ¿Y la obra misma? Léala y juzgue usted si su primer fino lector y rescatista acierta.
Por Alfredo Jocelyn-Holt, historiador
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