Por Tomás LeightonLa verdadera investidura de Kast

“Yo no tengo por qué pronunciarme (…), la emergencia está en Chile”, señaló el Presidente electo, José Antonio Kast, desde una de las zonas afectadas por el incendio de Viña del Mar en 2024. Así, partió el lunes evitando referirse a la candidatura de Michelle Bachelet a la Secretaría General de Naciones Unidas, oficializada esa misma mañana.
Pero su viaje a Europa -tan solo horas después- obligó al presidente del Partido Republicano, Arturo Squella, a buscar otro ángulo, señalando que la candidatura era un “saludo a la bandera”. Las declaraciones de Squella, cuestionando la potestad del Presidente en ejercicio para respaldar la postulación, o acaso dudando de las posibilidades del país para aspirar a tamaña posición, fueron refrendadas por Kast desde Hungría.
En Europa ya no tenían sentido las reservas localistas, pero al cerrar filas con el presidente de su partido -y abandonar la prescindencia inicial con que había honrado su calidad de Mandatario electo-, Kast terminó revelando un gesto partisano. “No estamos de acuerdo con lo interno”, agregó, dejando que las rencillas parroquiales, de traspasos y amarres, se convirtieran en un enredo que lo siguió por miles de kilómetros hasta sus reuniones con la extrema derecha europea.
Aunque postulantes no les faltaban, las dos economías más grandes de América Latina, Brasil y México, respaldaron la candidatura como una respuesta ante la parálisis operativa sin precedentes que vive la ONU.
Es dicho contexto el que le da sentido a la apuesta de las potencias por la capacidad de Bachelet, quien forjó su carácter en la crudeza de la Guerra Fría hasta consolidarse como un pilar del orden liberal posterior. Nadie como ella puede lograr una transición en que no se avasallen potencias que han perdido todo lenguaje normativo en común.
Según varios sondeos, la mayoría piensa que Kast debería respaldar a Bachelet. Probablemente, los chilenos no vislumbran otra cosa que lo que el mundo ve en ella, pero hay que reforzar los fundamentos estratégicos que la candidatura le brinda al país. La autonomía de Chile depende tanto de reforzar el multilateralismo -donde el liderazgo de Bachelet constituye un activo irreemplazable- como de activar alianzas flexibles con otras potencias medianas.
Oponerse a la nominación atenta contra los intereses de Chile al renunciar a una posición de influencia vital para proteger activos estratégicos, desde nuestra participación en cadenas globales de suministro hasta la soberanía en la Antártica. Asegurar que la próxima Secretaria General de la ONU hable desde el Latino-Pacífico hacia el resto del mundo es una prioridad para la prosperidad económica, pero también para nuestra seguridad nacional.
En tanto la candidatura de Bachelet encarna y protege el interés nacional, el Presidente electo tiene una oportunidad única para abandonar su trinchera partidista. Solo así, Kast podrá transformar la inauguración formal del gobierno en su verdadera investidura presidencial.
Por Tomás Leighton, director ejecutivo de Rumbo colectivo
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