Opinión

Otra emergencia para el nuevo gobierno

Conocimos hace algunos días las últimas “Estimaciones y Proyecciones de Población”, base 2024, del Instituto Nacional de Estadísticas (INE), elaboradas en base a tres componentes demográficos: fecundidad, mortalidad y migración. Si bien la tendencia era bastante conocida, asombra el ritmo acelerado de los cambios.

El estudio anticipa que la población de nuestro país comenzará a reducirse gradualmente en la próxima década. Así, se calcula que en 2070 Chile tendría 3 millones y medio de chilenos menos. Un solo dato puede servir para explicar este nuevo escenario: ya en 2028 nacerán menos chilenos de los que fallecerán. Nada extraordinario. En los próximos cinco años, más de 60 países del mundo verán disminuir su población. Algunos de los impactos de este fenómeno son predecibles: disminución de la fuerza laboral, caída en la demanda de bienes y servicios, desaceleración económica y desequilibrio fiscal provocado por menores ingresos fiscales y mayor gasto en pensiones.

En materia de natalidad, desde comienzos de siglo, Chile se encuentra bajo la tasa de reemplazo generacional. Según el INE, el 2026 la tasa global de fecundidad disminuirá a 0,92 nacidos vivos por mujer y continuaría bajando hasta 2035. Este mínimo histórico no tiene una sola causa. Más allá de cualquier consideración valórica, desde 1965 se han multiplicado y perfeccionado los métodos de anticoncepción. A ello se suman factores económicos y socioculturales: el sostenido aumento del costo de la vida y de la crianza, la postergación de la maternidad por razones de desarrollo profesional y la incorporación progresiva de la mujer al mercado laboral. Pese a los avances y a los esfuerzos de muchas empresas del sector privado, la falta de adecuadas políticas públicas impide compatibilizar vida familiar y trabajo.

Una noticia positiva en sí misma, el aumento de la esperanza de vida al nacer (casi siete años más desde 1992), combinada, sin embargo, con una baja tasa de natalidad, acelera aún más el sostenido proceso de envejecimiento de nuestra población. Las cifras son reveladoras: las estimaciones indican que para 2070 los chilenos de 65 años o más constituyan el 43% de la población del país. Solo en dos años más nuestro país tendrá más personas mayores de 64 años que menores de 15. Las consecuencias de este cambio generacional son fáciles de intuir: reducción de la población laboral activa, insostenibilidad financiera del sistema de pensiones, aumento del gasto en salud y cuidados de larga duración, entre otras.

Esta actualización demográfica impone desafíos mayores al sistema de protección social chileno. Los datos son concluyentes y las tendencias se confirman. Chile se incorpora este año a la lista de los 10 países con menor fecundidad a nivel mundial. Adicionalmente, ya ocupamos el 7° lugar (de 38) en el ranking de países de la Ocde (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) con envejecimiento más acelerado. Todo sugiere que estamos llegando tarde. Conviene actuar antes de que lo importante se vuelva urgente. Una emergencia más para el nuevo gobierno.

*El autor de la columna es presidente del directorio Cajas de Chile

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