Por Teodoro Ribera¿Qué espera Chile de Bolivia?

Una buena vecindad con Bolivia no solo es deseable, sino necesaria. Nos unen la geografía, la historia y una realidad práctica que obliga a entendernos más allá de las diferencias. Cada cambio de ciclo político, tanto en La Paz como en Santiago, abre una oportunidad para revisar con realismo qué esperamos uno del otro. Está en el interés de Chile una Bolivia próspera, pues ello favorece nuestro comercio y capacidad exportadora; democrática, dado que ello es el fundamento para el ejercicio de los derechos fundamentales y la existencia de un estado de derecho, y estable, para realizar inversiones que requieren seguridad, combatir el narcotráfico y el crimen transnacional.
Bolivia suspendió relaciones diplomáticas con Chile en marzo de 1978, por razones no imputables a nuestro país. Desde entonces, diversos gobiernos han intentado recomponer el vínculo, con avances y retrocesos. Tras el retorno a la democracia, Chile abordó esta relación con una mirada más sistemática y a ratos con sesgos ideológicos. Tal vez por ello los esfuerzos por aproximarse a Bolivia carecieron muchas veces del respaldo interno necesario, especialmente en las regiones del norte, debilitando propuestas que requerían amplios consensos nacionales.
El fracaso de iniciativas como la Agenda de los XIII Puntos no responde solo a coyunturas políticas, sino a la ausencia de una estrategia integral y de largo plazo con Bolivia. A ello se sumó la decisión de judicializar la relación, que culminó con el fallo de la Corte Internacional de Justicia de 2018, que reafirmó la vigencia del Tratado de 1904 y descartó obligaciones de Chile de negociar soberanía marítima.
Pese a ello, la relación bilateral no se ha detenido. Si bien subsisten problemas de accidentes en la ruta, el libre tránsito boliviano hacia los puertos del norte funciona de manera regular, y se han fortalecido mecanismos de cooperación comercial y migratoria. En este contexto, señales recientes provenientes de La Paz constituyen una oportunidad para recuperar confianzas, condición indispensable para cualquier avance sustantivo.
La pregunta ya no es solo qué espera Bolivia de Chile, sino qué espera Chile de Bolivia. Mientras la pretensión marítima soberana siga a nivel constitucional, será difícil normalizar plenamente la relación. Aun así, Chile debe avanzar en sus objetivos estratégicos mediante una agenda que aproveche la complementariedad entre el norte chileno y las regiones bolivianas, pasando de una simple vecindad a una sociedad estratégica. En este proceso, la sociedad civil y la prudencia son claves, así como integrar al norte de Chile, cuyas comunidades y ciudades deben ser escuchadas para dar legitimidad y proyección a esta nueva etapa.
Bolivia vive un proceso de transformación económica, social y generacional que abre un escenario distinto al del pasado. Comprender ese cambio y actuar con visión de futuro es uno de los mayores desafíos de nuestra política exterior. Reencauzar esta relación no es solo una tarea diplomática, es una necesidad estratégica para Chile.
Por Teodoro Ribera, rector U. Autónoma de Chile y exministro de Relaciones Exteriores
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