Opinión

“Quiero agradecer porque Chile ayuda a Chile”

La frase que titula esta columna fue dicha por Pilar, una señora damnificada por los incendios recientemente ocurridos en el sur de Chile, pero agradecida del apoyo de su patria, de los voluntarios, de diversas instituciones públicas y privadas. En tiempos marcados por la urgencia y las noticias difíciles, detenerse un momento parece casi un lujo. Sin embargo, hay situaciones que lo ameritan, y más aún cuando es momento de expresar gratitud.

Hemos vivido semanas en donde los incendios y su lamentable impacto no nos dejan indiferentes. Son hechos que han golpeado con fuerza a familias y comunidades. El dolor es inmenso: se pierden casas, recuerdos y proyectos de vida con tantos sueños inconclusos. Pero junto a esa devastación, emerge con claridad una de nuestras mayores fortalezas como país: la capacidad de colaborar cuando más se necesita.

Es en esos momentos cuando la colaboración se transforma en un propósito compartido que nos moviliza. Personas que no se conocen organizan ayudas, se coordinan voluntarios, se movilizan recursos desde distintos rincones del país, cada cual busca incansablemente cómo ayudar. Instituciones públicas y privadas, empresas, políticos, sociedad civil y medios de comunicación empujan en la misma dirección. Frente a las emergencias, las diferencias se suspenden y el foco se pone dónde debe estar: en las personas.

En el fondo, Chile es un país que sabe unirse en la adversidad, que puede reaccionar bien bajo presión. Cuando el golpe es duro, lo recibimos y enfrentamos juntos. No porque pensemos igual, sino porque entendemos que hay causas que están por sobre cualquier diferencia. Esa convicción, silenciosa pero firme, es la que nos permite superarnos a nosotros mismos: dejar atrás nuestras pequeñeces.

La colaboración no es un discurso ni una consigna. Se expresa en acciones concretas: en el tiempo que se dona, en la ayuda que se comparte, en la presencia constante de quienes llegan sin pedir nada a cambio. Es ahí donde el propósito común deja de ser una idea y se transforma en acción con impacto. Es ahí donde nos atrevemos a construir comunidad en una época marcada por el individualismo, porque nadie se salva solo frente a la adversidad. Avanzar juntos es siempre el mejor camino, el más humano.

Tal vez en la vida cotidiana olvidamos esta fuerza. Vivimos inmersos en una vorágine de tareas y de emociones que muchas veces nos dividen, dificultando el diálogo y a veces sembrando la desconfianza. Sin embargo, cuando la realidad nos desafía sin anestesia, algo se ordena. ¿Por qué no practicar el diálogo y la colaboración de manera más permanente? ¿Es necesario esperar las emergencias? Es lo que buscan iniciativas como ColaboraX, que une a personas, empresas, medios y comunicadores, fundaciones e instituciones de diversa índole, con el solo propósito de apoyar a otros, solucionar problemas y tender puentes.

Porque hay personas que viven en la emergencia permanente, es necesario hacer de la colaboración una forma de relacionarnos, de construir comunidad, de construir Chile.

Por Lucas Palacios Covarrubias, rector de Inacap

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