Por Óscar Guillermo GarretónSuperar desesperanzas

Me había acostumbrado a cierta desesperanza en el ambiente. Aquella del discurso de la izquierda que, de la fe absoluta en el triunfo del socialismo en mis años universitarios, pasó a proclamar un futuro negro, mostró carencia de propuestas solventes en estos años y crisis en su convicción fundante de que pudiera haber un socialismo revolucionario exitoso en el mundo. Su discurso es un largo rosario de No desde el “lucro” de 2011 hasta el reciente Plan de Reconstrucción, con un solo Sí perdedor: su Apruebo al texto constitucional plebiscitado el 4 de septiembre de 2022. Pero también la derecha transmite desesperanza denunciando los fracasos que legó la izquierda al presente, más sintonías con una población que siente vivir el estancamiento, la crisis del empleo, vulnerabilidad ante la delincuencia y el crimen organizado, carencias en la protección social a su salud, vivienda y educación; a lo que se agregan precariedades gobernantes como esos desencuentros interministeriales, suicidas en tiempos de chats.
Sin embargo, algo nuevo ocurrió y quiero destacarlo. Se aprobó un plan de gobierno proinversión, con políticas tributarias razonables compartidas por buenos economistas de todo el arco político. Agreguemos que cuando aún no salía del horno legislativo el Plan de Reconstrucción, el gobierno anunció políticas proempleo – el más estratégico de los problemas sociales que vivimos - así como cambios en el funcionamiento del mercado de capitales y al anacrónico Estatuto Administrativo. Y ahora, luego de sus tropezones iniciales, el Presidente anuncia un vuelco en seguridad y orden público que incluye incluso cambios constitucionales, razias contra la delincuencia, traslados de presos, etc. Es un despertar de la modorra a que nos había acostumbrado una gestión pública poco solvente.
El futuro se construye con esperanzas transformadas en propuestas, no con diagnósticos lapidarios útiles para ganar votos, pero inútiles para superarlos. Las reformas económicas aprobadas son valiosas. Ahora se probará el ministro Arrau: está obligado a convencer y acoger, por ejemplo, preocupaciones como las de la ministra de Salud o el senador Walker. Un futuro de esperanza depende hoy centralmente de la capacidad de construirle, con leyes y acciones prácticas, convicción en seguridad a dos mayorías: las sociales y las políticas.
Hay algo de inevitable en que el debate esté concentrado en el gobierno. La oposición solo interviene para oponerse, no para proponer algo distinto, porque no lo tiene. Lo más interesante y urgente que tiene la izquierda por ahora solo interesa a ella: cómo salir de su marasmo nacido de causas profundas. Pero esto instala una responsabilidad política de la que deben estar conscientes: la superación de la desesperanza, por ahora, depende ante todo del gobierno y la derecha, únicos con capacidad en lo inmediato para engendrar futuros.
Por Óscar Guillermo Garretón, economista
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