Por Rolf LüdersUn país menos feliz

Según el World Happiness Report, entre 2015-2017 y 2025 y en relación a otros países, Chile ha sufrido una importante caída en la percepción de felicidad de su población. Este indicador es impulsado por la Organización de las Naciones (ONU) y producido por el Centro de Bienestar de Oxford, Gallup y la red ONU SDSN. En efecto, en el transcurso de esos 12 años Chile cayó del ranking 20 al 50 entre los 147 países para los cuáles se calcula el índice correspondiente.
No es fácil definir la felicidad, pero sabemos que se trata de un estado de bienestar subjetivo en el que una persona experimenta emociones positivas y evalúa su vida globalmente como satisfactoria. Es un objetivo que todos queremos alcanzar en el mayor grado posible. En ese sentido, el crecimiento del PIB per cápita -un indicador útil, pero incompleto, de bienestar- no es más que uno de los medios para alcanzar una mayor felicidad y la evidencia empírica tiende a confirmarlo.
Pues bien, el World Happiness Report recoge la sensación de felicidad de la población de un país y luego, mediante un análisis de regresión, la explica en base a seis variables, a saber: PIB per cápita, la libertad para tomar decisiones sobre su propia vida, percepción de corrupción, expectativa de vida, generosidad y apoyo social.
En una escala de uno a diez, lideran este indicador de felicidad los países nórdicos, en particular Finlandia, con un valor de 7,8 en 2025. Los EE.UU. tienen un valor de 6,8 en ese mismo año y Chile uno de 6,3 (comparado con uno de 6,7 en 2015-2017). Hay nueve países latinoamericanos que superan a Chile en esta materia, entre ellos Costa Rica (el cuarto del mundo, con un indicador de 7,4), Mexico (7,0), Brasil (6,6) y Argentina (6,4).
La brusca caída del valor del indicador de felicidad de Chile es coherente con el cambio de su clima económico-social a partir de la década de 2010. Es cierto que no nos destacamos por nuestra generosidad, y que las elevadas expectativas de vida, la gran libertad para tomar decisiones sobre nuestra propia existencia, y el significativo apoyo social, tanto a nivel de la familia, como por parte del Estado, probablemente no hayan cambiado significativamente en Chile entre 2013-2015 y el presente.
No obstante, en los últimos tiempos ha aumentado en Chile muy sustancialmente la percepción de corrupción y de abusos, al mismo tiempo que cayeron notoriamente las expectativas de crecimiento económico y junto con ello, aquellas de buenos empleos. Son estos factores los que explican una buena parte de la caída en los niveles de felicidad de nuestra población. Para revertir esta tendencia, el actual gobierno está implementando -correctamente y entre otras- una serie de medidas para terminar con la corrupción y los abusos, y para reactivar la actividad económica.
Por Rolf Lüders, economista
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