Por Óscar Guillermo GarretónUn presente griego

Los hechos históricos, más cuando inesperados, requieren ser masticados lentamente para detectar sus consecuencias. Tengo pocas certezas, algunas profundas y muchas interrogantes al escribir solo horas después de esa madrugada sabatina de la captura de Maduro. Pero la inmediatez de un tema de esta magnitud no me autoriza a eludirlo.
Me alegra que caiga Maduro. Era un tirano, gobernante ilegítimo que se robó una elección, represor y violador de derechos humanos, gestor de pobrezas inimaginables en el otrora más próspero país de América del Sur, responsable de la emigración de millones de venezolanos afectando la estabilidad y el ánimo popular en todo el continente, incluido en Chile.
Hay temas morales que nos interpelarán. ¿Qué es lo legítimo para deshacerse de una tiranía y quién lo define? Ha rondado la política mundial desde siempre y también la chilena. Tenemos presidentes derrocados e intentos fracasados de derrocamiento. ¿El robo de la última elección por Maduro no descalificó la vía electoral pacífica como camino para sacarlo? ¿Tienen autoridad moral para alzar ahora voz principista esos presidentes latinoamericanos que consintieron sin más la dictadura de Maduro? A dos días del 67 aniversario del triunfo de la revolución de Fidel Castro en Cuba, ¿qué importaba más, terminar una tiranía por los medios que sean o resignarse a 67 años transformados en desesperanza sin salida como los describe Leonardo Padura en su último libro “Morir en la arena”? ¿Apoyamos un proceso que parece insinuarse como de transición pactada bajo tuición americana?
Pero no hay solo interrogantes. Los principios de política internacional no nos son indiferentes. La democracia -alarmantemente ausente en el discurso de Trump el sábado- y el derecho internacional, se hicieron para que los poderosos de este mundo no se atribuyeran el derecho de actuar a mansalva. Buscan salvaguardar derechos de los más débiles y contener a los poderosos: pone barreras a la ley del más fuerte. ¿Desaparecen los poderosos con democracia y leyes internacionales? No, pero se amortigua y regula su poder. Para todo demócrata y en especial de países pequeños como Chile, la defensa del derecho internacional es intrínseco a su sobrevivencia. Por eso, deberíamos poner todo de nuestra parte para ayudar a que el derecho internacional y su democracia se restablezcan plenamente en Venezuela.
Es imposible que un hecho así no repercuta en Chile. Deseo que no se convierta en un presente griego que nos distraiga de lo que interesa más a los chilenos, enredándonos en la confrontación entre dos autoritarismos, el tiránico de Maduro y el imperial de Trump. La ciudadanía ha estado empeñada en dos temas que marcaron la elección presidencial: el orden y la seguridad pública más la prosperidad de las familias asociada al crecimiento, la inversión y el empleo. Esa prioridad social debe ser la nuestra.
Por Óscar Guillermo Garretón, economista
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