Economía del cuidado: El 25% del PIB chileno ampliado que sigue invisible
Reconocer el trabajo no remunerado, a través de políticas del sector público y privado, es clave para cerrar la brecha de género que frena el desarrollo económico de las mujeres, pese a ser un sostén esencial de la economía nacional, explican los expertos.

Según cifras de la CEPAL, las mujeres de la región destinan entre el doble y el triple de tiempo que los hombres al trabajo no remunerado, alcanzando en algunos países más de 40 horas semanales, lo que equivale a una jornada laboral completa adicional. En Chile, la II Encuesta Nacional de Uso del Tiempo (ENUT) publicada este año por el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) mostró que las mujeres dedican, en promedio, 2 horas y 5 minutos más que los hombres a estas labores cada día.
Este trabajo de cuidado, que abarca desde la crianza hasta la atención de personas mayores o dependientes, no solo sostiene a los hogares, sino también a la economía nacional y es esencial para fomentar el desarrollo sostenible, postulan desde la CEPAL . Su investigación “La Sociedad del Cuidado 2025”, establece que “la inclusión de la economía del cuidado en las políticas macroeconómicas, fiscales y laborales es una condición para un crecimiento sostenible e inclusivo. No se trata solo de justicia social, sino también de eficiencia económica”. Además, explican que en términos económicos, este trabajo representa un importante aporte que no es visibilizado en las cuentas nacionales. “Cuando se contabiliza su valor económico, representa entre un 15% y un 27% del PIB, dependiendo del país.”
Tales estimaciones coinciden con los últimos datos del Banco Central en la materia, que establecen que el valor económico del trabajo no remunerado de los hogares en Chile equivale cerca del 25% del PIB.
La sobrecarga de las mujeres en cuidados repercute directamente en la inserción laboral y en la autonomía económica de las mujeres. De acuerdo con Francisca Jünemann, presidenta ejecutiva de Fundación ChileMujeres, “prácticamente todas las personas que están fuera del mercado laboral por razones de cuidado permanente son mujeres. (…) El desequilibrio en las horas destinadas al cuidado afecta en la posibilidad de tener un trabajo remunerado, en mayores brechas salariales y en la preponderancia de las mujeres en el subempleo, que es un desempleo parcial”.
Incentivos desde sectores públicos y privados
Para el sector público, avanzar hacia un sistema integral de cuidados es clave por diversas razones. La subsecretaria de Economía, Javiera Petersen, asegura que “el diagnóstico es que la sobrecarga de trabajo no remunerado significa menos tiempo disponible para las mujeres, y, por lo tanto, limita las oportunidades que tienen para desarrollarse profesionalmente y participar plenamente en el mercado laboral, afectando así a su autonomía económica”.
Desde el Ministerio de Economía han participado en iniciativas para reducir estas brechas, entre ellas la reciente promulgada ley Más Mujeres en Directorios, el programa Capital Pioneras para fomentar el emprendimiento femenino, y talleres de asociatividad para personas cuidadoras, que buscan dar herramientas de formalización y acceso a mejores condiciones laborales.
En paralelo, el Ministerio de Desarrollo Social y Familia destaca la necesidad de involucrar también al sector privado con iniciativas concretas que forma parte del Sistema Nacional de Apoyos y Cuidados. “Durante décadas el cuidado ha sido un trabajo invisibilizado, realizado principalmente por mujeres dentro de los hogares, sin reconocimiento ni apoyo suficiente. (…) La Red de Empresas Chile Cuida da un paso en esa dirección, comprometiendo al mundo privado en este desafío, con empresas que comprenden que sin cuidados no hay desarrollo, y que esa labor debe ser reconocida y apoyada”.
Jünemann hace hincapié en promover la corresponsabilidad en el ámbito laboral. “Es importante comprender que la corresponsabilidad parental no es algo que suceda solamente al interior de los hogares, sino que también durante la jornada laboral. Por eso necesitamos adaptabilidad laboral para hombres y mujeres”, explica.
La economía del cuidado no es solo un asunto doméstico, sino un tema estructural que condiciona el desarrollo económico y social del país. “El llamado es claro: el Estado, las comunidades y también el mundo privado deben asumir esta tarea como una responsabilidad compartida, para que nunca más cuidar sea sinónimo de sacrificio y desigualdad”, concluyeron desde el Ministerio de Desarrollo Social.
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