213 años del Instituto Nacional que debemos recuperar

SEÑOR DIRECTOR:
Se inició el mes de agosto y mañana el Instituto Nacional cumple nada menos que 213 años de vida. Unos meses antes de agosto, el 13 de febrero de 1812, ve la luz el primer periódico nacional, la “Aurora de Chile”, bajo la dirección de Fray Camilo Henríquez. En dicho medio, su director define con fineza, el día de la inauguración, lo que será y es el gran propósito del Instituto Nacional: “dar a la Patria ciudadanos que la dirijan, la defiendan, la hagan florecer y le den honor”. Se trata de una frase que nos enorgullece a los institutanos cada vez que la recordamos, sobre todo tomando en cuenta el significado que ha tenido esta institución para la educación pública del país.
Sin embargo, lo que ha pasado con el Instituto no es más que la demostración de malas políticas públicas que erróneamente han afectado consistentemente la autoridad de las comunidades educativas, dejando de lado lo que era la esencia de éste: el gran movilizador social de la educación pública. Quienes estudiamos en él -cumpliendo con la rigurosidad de pasar por un proceso de selección para incorporarnos- nos sentíamos orgullosos de haberlo logrado. Ahí nos encontrábamos alumnos de todas las clases sociales y -bajo la instrucción de nuestros profesores- sabíamos construir una comunidad colaborativa, participativa y por sobre todo profundamente democrática en el amplio sentido de la palabra. Por ello, cuando se observan las preocupaciones de los últimos días, quienes somos exalumnos entendemos que los esfuerzos de la autoridad no permiten la normalidad esperada y que lamentablemente las herramientas con que se cuentan no son suficientes. No se trata de desconocer esfuerzos genuinos que han intentado ejercer diferentes autoridades, pero es una realidad que estos no han tenido éxito.
Ante este escenario, creo necesario sumar a quienes como exalumnos estamos preocupados y queremos ser parte de la solución. Somos muchos los que contamos con experiencia y conocimientos para aportar y seguro nos sumaríamos a un esfuerzo público-privado para “salvar” a la que fue nuestra casa por tantos años. En concreto, al llamado que se ha hecho es necesario adicionar a quienes fuimos estudiantes y sentimos la necesidad de recuperar 213 años de historia de la educación pública del país.
Miguel Bejide C.
Exalumno
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