Educación

La historia del TENS que se convirtió en médico

Tras egresar del liceo de Rengo, estudió técnico en enfermería, trabajó en urgencias, y logró ingresar a Medicina. Hoy, el Dr. Carlos Gómez ejerce como anestesiólogo en el Hospital Regional de Antofagasta. “Haber sido TENS me dio la cercanía que tengo con mis pacientes”, dice.

Dr. Carlos Gómez, anestesiólogo en el Hospital Regional de Antofagasta.

La calma con la que habla el Dr. Carlos Gómez, sin jamás apurar una respuesta ni exagerar una definición, es el mejor resumen de su trayectoria, llena de perseverancia y paciencia, un camino largo del que ya cosecha su recompensa.

Tras egresar del Liceo Municipal de Rengo, en 1999, el puntaje que obtuvo en la Prueba de Aptitud Académica (PAA) no le alcanzó para cumplir su sueño: estudiar Medicina. “Iba caminando por la calle y alguien me entregó un folleto del AIEP”, cuenta al teléfono desde Antofagasta, ciudad en la que vive hace seis años, y agrega: “Ahí decía que, si me iba bien, podía continuar estudios con una beca en la Universidad Andrés Bello”.

Entonces, sin saber que esa continuidad tenía solo un cupo a nivel nacional, otorgada al mejor estudiante de su generación, Carlos se matriculó en Técnico en Enfermería de Nivel Superior (TENS) en AIEP. Eso significaba que tendría que sacar con la máxima distinción esa carrera técnica, que dura dos años, para luego empezar la de Medicina, que se extiende por al menos siete más, sin contar la especialización.

Carlos Gómez logró titularse de TENS, consiguió el cupo para entrar a Medicina y, tras 10 años de balancear estudios y trabajo, se convirtió en médico cirujano a los 30 años. Cuatro años después ya tenía la especialidad de anestesiología; y a los 41, su edad actual, la ejerce en el Hospital Regional de Antofagasta y en el Hospital Militar de la zona, donde vive con Boris, su pareja, y Nicole, su hija de 12 años.

Dr. Carlos Gómez, anestesiólogo en el Hospital Regional de Antofagasta.

Una necesaria vuelta larga

Mientras más pasa el tiempo, más valora su inusual trayecto, un recorrido sin atajos, difícil y lleno de altibajos. “La principal virtud que tuve, y que todavía tengo, fue perseverar”, dice. “Luché, luché y luché; tuve mis traspiés, me demoré. Alguien me podría decir: ‘Claro, sacaste la carrera en 10 años’. Sí, pero estuve ahí, perseveré, me caí, pero me volví a levantar”, agrega.

Tampoco desestima lo aprendido como TENS en AIEP, tiempo en el que trabajó como técnico en la UCI de la Clínica INDISA. Allí, con pacientes en estado de máxima gravedad, a los cuales debía atender en sus más básicas necesidades, entendió la relevancia del contacto directo con el principal objetivo de la salud: las personas.

“Como médicos, solemos alejarnos un poco del contacto cotidiano con los pacientes”, reflexiona. “En cambio, los TENS están todos los días, todo el día, con las personas. Haber tenido esa visión desde la base de la pirámide de la salud fue súper importante”.

Esa etapa también lo obligó a fortalecer ciertas aptitudes que los médicos no siempre poseen, como las habilidades blandas. “Haber tenido práctica TENS me otorgó una cercanía que el resto de mis compañeros de Medicina no tenía”, recuerda.

Un bachillerato técnico

La tranquilidad con la que Carlos vive en Antofagasta es la que le permite revisar su pasado con orgullo. Especialmente su período como TENS, que en su momento vio solo como una puerta para llegar a ser médico, pero que ahora analiza como una gran preparación para la vida universitaria.

“Cuando sales del colegio y llegas a la universidad, sobre todo a carreras exigentes como Medicina, tienes que madurar muy rápidamente; si no, te pierdes en el camino. Siento que haber pasado por una carrera previa fue como un bachillerato: me dio una base de experiencia para enfrentar distintos problemas con los que me encontraría después, como las mismas prácticas clínicas”, explica.

Al ingresar a Medicina, Carlos tuvo que enfrentar desafíos que hoy recuerda: “Yo venía de un liceo público, de una pequeña ciudad de región; entonces, la brecha de conocimiento fue la que más me marcó. Tuve que dedicarle más tiempo de estudio y eso hizo que me demorara un par de años más en sacar la carrera”.

Tras 15 años de estudios, prácticas y turnos, Carlos cumplió su sueño al egresar de Medicina y especializarse en anestesiología, un rol clave para reducir las listas de espera quirúrgicas en el país, que hoy superan a las 360 mil personas.

“Mirándolo en retrospectiva, valoro aún más haber recorrido este camino. Pasaron muchos años desde que entré a TENS hasta que salí como anestesista. Más de una vez se me hizo largo, pero ahora, con más experiencia valoro realmente lo que significó todo este camino en mi vida profesional”, reflexiona.

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