Opinión

Abismo

Vina del Mar, 4 de septiembre de 2022. Adherentes de la opcion Rechazo festejan en el centro de Vina del Mar. Raul Zamora/Aton Chile RAUL ZAMORA/ATON CHILE

Hace cuatro años fue derrotado un importante sector de la sociedad chilena, aquellos que llevaban más de una década soñando con un proceso constituyente y con “otro modelo” de desarrollo. En los hechos, el abultado triunfo del Rechazo no solo implicó descartar un texto constitucional, también fue el fin de un ciclo marcado por los anhelos refundacionales de ese sector, ciclo reactivado luego del largo periplo de la Concertación en el poder.

Buscando disminuir el golpe de un Rechazo que llegó al 62%, el Chile del Apruebo ha intentado empatar con la también desaprobación de la propuesta del segundo proceso, hegemonizado esta vez por el Partido Republicano. Pero es un ejercicio estéril. Primero porque la derecha nunca quiso reemplazar la constitución vigente. Segundo, porque el fracaso de la propuesta republicana tuvo un precio inimaginable: las fuerzas progresistas -desde la DC al PC- debieron pasar por el trago amargo de votar para mantener “la Constitución de los cuatro generales”. Así, para asegurar la derrota de la Constitución de los discípulos de Jaime Guzmán, incluso los comunistas tuvieron que votar para que continuara rigiendo la Constitución de… Jaime Guzmán. Una ironía trágica.

El período posterior a la derrota del Apruebo ha sido sin duda muy pedagógico. Los sectores que apoyaron la propuesta de la Convención nunca han renegado de ella; sus partidos jamás han hecho una autocrítica seria e institucional respecto de las cosas que respaldaron. Eso es perfectamente legítimo y permite concluir que, hasta hoy, siguen sintiéndose representados por su texto. Es lógico pensar por tanto que ese Chile del 30-35%, que aprobó la gestión de Gabriel Boric hasta el último día, es lo que quedó al final del 38% del Apruebo. Una realidad que el resto del país no puede ni debe soslayar: ese sector de la sociedad seguramente sigue queriendo un país multinacional y pluricultural, sin Senado y con once sistemas de justicia diferentes de origen étnico, entre otras cosas.

La persistencia de esas convicciones encarnadas en un texto del que sus partidarios jamás han tomado distancia, es una de las razones que explica por qué es muy difícil construir acuerdos en el Chile actual. El abismo entre el país del 62% y el del 38% es tan profundo y las diferencias son tan de fondo, que ninguna ley o megarreforma, por muy holgada que sea su aprobación en el Congreso, lo va a poder atenuar. De ahí viene una porción importante de la actual incertidumbre: en Chile la aprobación de una ley no garantiza nada porque no es el resultado de compromisos transversales y de largo plazo. Todo puede ser cambiado en el gobierno siguiente. Esto es lo que explica buena parte de nuestro decaimiento económico, deterioro institucional y mediocridad política.

En resumen, el aniversario del triunfo del Rechazo ha sido una nueva confirmación de que las convicciones que alimentaron ambas posiciones aún están intactas. Y es labor de la sociedad en su conjunto asumir las consecuencias.

Por Max Colodro, filósofo y analista político

Más sobre:OpiniónColumnaLT Domingo

COMENTARIOS

Para comentar este artículo debes ser suscriptor.

La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.

Plan Digital+$6.990 al mes, por los 3 primeros meses SUSCRÍBETE