Por Ricardo AbuauadCuidar la mina de oro

Chile acaba de recibir una distinción excepcional: fue elegido el mejor destino internacional en los Forbes Travel Awards 2026. No es un hecho aislado: el país ha sido reconocido siete veces como el mejor destino de turismo aventura en los World Travel Awards y en 2025 sumó premios como destino verde y de naturaleza, destino romántico (Atacama) y destino de cruceros. En los World’s Greatest Places de Time 2026 se destacan tres lugares chilenos. Santiago es el 4 mejor destino para personas que viajan solas según Tripadvisor en 2026, y escaló al tercer lugar latinoamericano en el ranking ICCA como destino de congresos. Nada mal.
La noticia importa porque el turismo es una industria enorme. El World Travel & Tourism Council estimó que en 2025 el sector aportó US$11,6 billones al PIB mundial, equivalente al 9,8% de la economía global, y sostuvo 366 millones de empleos. UN Tourism calculó que las exportaciones asociadas al turismo internacional alcanzaron un récord de US$1,9 billones en 2024. Y Chile superó los 6 millones de turistas en 2025. Viajar mueve aeropuertos, restaurantes, construcción, comercio, cultura, transporte y servicios; activa emprendimientos y convierte paisajes, barrios y centros históricos en activos de largo plazo.
Pero sería ingenuo leer estos rankings solo como un aplauso: las capitales del turismo muestran ya el reverso de la medalla. En Barcelona, Venecia y Lisboa sus habitantes protestan contra la saturación, los precios de la vivienda y los empleos precarios. En una docena de destinos del sur de Europa hay movilizaciones contra la “turistificación”. Venecia ha ensayado cobros de acceso; Barcelona anunció restricciones a los pisos turísticos; Ámsterdam intenta reducir el “turismo de borrachera”. La lección es clara: el turismo puede ser una mina de oro, pero también una actividad “depredadora” si no se gobierna.
Además de estos riesgos globales, Chile enfrenta desafíos internos. El Ejecutivo propuso eliminar varias medidas de la legislación que impulsó la administración de Gabriel Boric, entre ellas la “tasa al turismo” (un impuesto de 1,25% sobre el hospedaje para financiar promoción internacional del país). Parece de toda lógica que el financiamiento de esa promoción indispensable provenga de arcas centrales y no de un impuesto que encarece justamente la estadía de aquellos que deseamos atraer: el ministro Mas se comprometió a duplicar ese apoyo. En ese mismo objetivo de hacer más atractivo aún a Chile, habría que revisar, en cambio, la decisión de eliminar el gravamen a producciones audiovisuales extranjeras; la organización de congresos y la devolución del IVA a compras hechas por visitantes. Todas estas medidas nos vuelven más interesantes.
La oportunidad no consiste en atraer más turistas a cualquier costo. Se trata de construir destinos mejores, cuidar aquello que nos hace elegibles, y potenciar los incentivos económicos que nos vuelvan atractivos en la dura batalla por captar buenos visitantes. Hay que cuidar esta mina de oro.
Por Ricardo Abuauad, decano Campus Creativo UNAB y profesor UC
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