Por Pablo OrtúzarEl abrazo de Boric y Kast

El futuro inmediato del mundo se ve poco alentador: guerras, trastornos climáticos, luchas hegemónicas entre superpotencias, brotes de distintas pestes, desempleo al alza, devaluación de títulos profesionales, proteccionismo arancelario, progreso del crimen organizado, disrupciones económicas, estancamiento. La humanidad está en uno de esos momentos en que nada parece funcionar bien.
Frente a una realidad así, no hay una estrategia menos conveniente ni más difícil de evitar que la polarización política interna. En casi cada rincón del planeta luchas facciosas sacuden a democracias ya cansadas. Y Chile, por cierto, no es la excepción: aquí la izquierda usó el caos del estallido y la pandemia como una escalera hacia el poder total, pero la derrota constitucional les hizo replantear sus ambiciones. Las confianzas, después de ese largo episodio, difícilmente podrían recuperarse rápido, y la demagogia hoy le respira en la nuca a la clase política completa. El “que se vayan todos” está a la vuelta de la esquina.
¿Puede salvarse la clase política? ¿Quiere hacerlo? ¿Vale la pena? Respecto a esta última pregunta, mi postura es que históricamente suele ser mejor diablo conocido que diablo por conocer. El populismo ofrece atajos que terminan convirtiéndose, las más de las veces, en tortuosos caminos para llegar a algo muy similar al punto de partida. En ese sentido, es mejor buscar una reacción del poder ya instalado. Aunque no a cualquier costo: en algunas ocasiones el demagogo es el último recurso para reflotar las instituciones.
Respecto de las otras dos preguntas, mi impresión es que ninguno de los bandos tradicionales en disputa tiene hoy una visión de futuro para Chile que pueda poner a dialogar con la del otro. El proyecto de reinvención de Chile por la izquierda que se inicia con “El otro modelo” de Atria y compañía y termina con la propuesta constitucional delirante rechazada el año 2022 está casi completamente muerto, y donde sobrevive, como en educación, lo hace como fracaso. Casi todo el gobierno de Boric tuvo que orientarse, a regañadientes, a partir de otras coordenadas, que hoy siguen mandando: orden, crecimiento, civilidad, excelencia. Es una obra a la espera de una explicación y una defensa.
En el caso de la derecha, la pretensión de volver a los viejos buenos tiempos de “los mercados bien libres, los estados bien pequeños y las regulaciones pocas, pocas” también ha chocado con un muro. Tal como le pasó a Liz Truss, la idea de hacer una revolución thatcherista en un país ya thatcherizado parece tener pies de plomo. En la Cuenta Pública, el Presidente Kast delineó algo que parece bastante distinto a esa visión: un país donde derechos y deberes van de la mano. Un Estado generoso, pero donde el estatuto de ciudadano es exigente. Un país donde el esfuerzo individual y colectivo rinde frutos comunes, pero sólo para aquellos que colaboran. Una nación que aplaude el mérito personal, pues valora también sus frutos colectivos. Algo muy parecido a la visión piñerista del brazo abierto que acoge y el puño firme que castiga.
¿Es contradictoria la obra real del gobierno de Boric con la visión concreta desplegada por Kast en su discurso? Mi opinión es que no. De hecho, si Kast se inclinara más hacia Bismarck y Adenauer, y menos hacia Reagan y Thatcher, la única diferencia con lo que terminó siendo Boric sería de énfasis. Orden y justicia, crecimiento con igualdad, deberes con derechos, mérito con oportunidades. Un país que avanza ordenadamente en garantizar prestaciones fundamentales a sus ciudadanos, en la medida en que logra crecer y prosperar. ¿Quién está en contra de esa visión?
El debate respecto de las incivilidades ha mostrado que la ciudadanía de deberes de Kast no puede progresar sin la ciudadanía de derechos de Boric. ¿Qué tan difícil podría ser ordenar este debate para generar una tregua de élites respecto de nuestra estrategia de desarrollo? Libros como “Hacia un nuevo pacto”, de Óscar Landerretche, y “Contra la libertad”, de Andrés Biehl y Germán Vera, por nombrar sólo un par, están ahí para ayudar a rayar esa cancha, antes de que sea demasiado tarde.
COMENTARIOS
Para comentar este artículo debes ser suscriptor.
Lo Último
Lo más leído
La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
CYBER 50% Plan Digital+$5.990 al mes SUSCRÍBETE










