Opinión

Ministros en las sombras

Archivo: Se reúnen las y los presidentes y jefes de bancada de los partidos de oposición con abogados constitucionalistas para abordar la Megarreforma y su constitucionalidad. LUIS QUINTEROS/ATON CHILE

Los británicos hacen las cosas bien, en forma y en fondo. Basta mirar un rato Wimbledon para sentir admiración sincera. Esa obsesión por lo bien hecho está en todos lados. Como es de esperar, se refleja también en la política. Mal que mal, son la democracia parlamentaria más antigua del mundo. Una de sus tradiciones más notables es el “Shadow Cabinet”. Funciona así: el principal partido de oposición conforma un gabinete paralelo al del gobierno, cartera por cartera. Son los “Ministros en las Sombras”. Su misión no es solo fiscalizar, sino estudiar de verdad cada política, construir alternativas y, eventualmente, prepararse para gobernar.

Detrás, hay un razonamiento profundo: la oposición se mide no solo por la cantidad de proyectos que obstruye, sino por la calidad de alternativas que es capaz de ofrecer.

Algo —o más bien mucho— de eso nos hace falta en Chile. Acá la oposición también está en las sombras: solo ofrece un muro de objeciones y una lastimosa falta de ideas.

Algo positivo que dejó la última elección presidencial fue una convergencia inédita en los objetivos declarados. Como yo tengo mala memoria, lo dejé documentado en una columna: “Back to the Future” (13-12-2025). Jeannette Jara hablaba de crecimiento, mayor inversión extranjera y rebajas tributarias para las pymes. Pocos meses antes, el ministro Marcel había planteado reducir el impuesto de Primera Categoría para atraer la inversión. Muy parecida a Kast o Matthei. Tanto que parecía candidata de derecha.

Con tanto acuerdo en los objetivos, ¿cómo se explica que la oposición ahora ni siquiera sea capaz de sentarse a discutir la llamada Megarreforma? A excepción de las breves horas de apoyo de los senadores PPD, la estrategia ha sido cerrarse como ostra y negar la sal y el agua. Nadie está haciendo la pega mínima —estudiar, identificar defectos y proponer mejoras— más allá de un par de cachetadas de payaso. ¿Cómo puede ser? Hay dos explicaciones posibles.

La primera es de carácter intelectual. Algo ingenua quizá, pero plausible: falta de convicción. Las ideas económicas del riñón socialista ya fueron probadas —y fracasaron— una y otra vez. Fracasó la economía maoísta china, cayó el imperio soviético, agoniza Cuba y el “socialismo del siglo XXI” no fue más que un boom de commodities que terminó en inflación, corruptela, éxodo masivo y virreinato norteamericano. Nuestra versión, mucho más moderada (la extrema fracasó antes de partir, en el plebiscito), también tuvo su turno: con “El Otro Modelo” como guion, Chile hizo el experimento de dar por sentado el crecimiento, redistribuir más, aumentar la carga tributaria en cada oportunidad posible y expandir el rol del Estado. Nos fue muy mal.

La segunda posible explicación es más inquietante: la oposición no hace el esfuerzo de construir una alternativa porque no le interesa. El fracaso de la contraparte, aunque sea a costa del país, es el triunfo propio. Lo que vale es recuperar el poder, ojalá en el menor plazo posible.

Esta semana, eso sí, ocurrió algo interesante. Apareció el exministro Grau, que ensayó de ministro sombra. De ministro fantasma. Excelente iniciativa. Desgraciadamente, partió con el pie equivocado: no reconociendo el efecto devastador de las reformas de Bachelet II. Su argumento es que crecíamos menos desde 2010 o 2012, no quedó claro. Un sistema agotado. Ese era el diagnóstico de una economía que crecía al 5,6% en 2012 y un 4,2% en 2013 (con un Imacec de solo 2,6% en diciembre), cuando Bachelet fue elegida con Congreso y programa. Este último llevaba impresa la promesa: en la segunda mitad de su gobierno “Chile crecerá en torno al 5%”. Creció 1,6% y 1,4%. Y después, la caída estructural. Un país que durante tres décadas creció al doble del mundo hoy crece un tercio por debajo de él. Y a menos de la mitad de su propio ritmo histórico. La mayor caída de posiciones dentro de la OCDE en crecimiento y equilibrio fiscal, como documentamos hace un par de meses. Y sí: fue el cambio de modelo. Fue la retroexcavadora. Y fueron los impuestos. Pues bien, se les acabó el beneficio de la duda. Sonó el Chacal de la Corneta. 12 años de decadencia. Parados, sin plata y sin empleos. Y con el cobre sobre los US$ 6 la libra, en máximos históricos. ¡De locos!

Desde esta lógica difícil de sostener, el exministro Grau deduce que la Megarreforma no servirá. Pero tampoco ofrece alternativa. Criticar sin proponer no es oposición: es comentario. Así, cae en el mismo saco que el resto de la oposición: no sabemos si no tienen ideas o no quieren tenerlas. Ambas son preocupantes. La primera es un problema de creatividad y ñeque. La segunda significa que, para algunos, el fracaso del gobierno importa más que el éxito del país.

Chile necesita una oposición que haga la parte difícil: pensar alternativas. La del Shadow Cabinet. Criticar es fácil. Pero se hace a costa de la autoestima del país. A costa de su futuro. A costa de sus propias aspiraciones.

El país requiere buenas oposiciones. Trabajadoras y responsables. Inteligentes. Las necesitamos. Bienvenidos los Shadow Ministers. Pero hagan la otra mitad de la pega.

*El autor de la columna es emprendedor y panelista de Información Privilegiada de Radio Duna.

Más sobre:OpiniónEconomíaOposición

COMENTARIOS

Para comentar este artículo debes ser suscriptor.

La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.

Plan Digital+$6.990 al mes, por los 3 primeros meses SUSCRÍBETE