Opinión

Viviendo con tiempo prestado

Brendan McDermid

A pesar de sólidos resultados hasta el momento, las “Siete Magníficas” han vuelto a terreno negativo en cuanto a rendimiento en lo que va de año. Esto refleja, en parte, nuestra predicción de finales de 2025 sobre cómo los niveles récord de gasto de capital (capex) en infraestructura de inteligencia artificial (IA) elevarían el costo de capital para los proveedores de servicios en la nube a gran escala (“hyperscalers”) de Estados Unidos. Un dato aún más revelador es que la capacidad del mercado de bonos corporativos con grado de inversión para absorber las emisiones de estos proveedores se está poniendo a prueba, especialmente en los tramos de vencimiento más largos. Además, y a pesar del fuerte impulso en los negocios de nube y actividades principales, el flujo de noticias se ha vuelto claramente adverso para el segmento de empresas que facilitan la IA.

Coincidimos plenamente en que la IA es la tecnología más transformadora de los últimos 50 años. No obstante, también reconocemos que quiénes serán los ganadores y los perdedores, así como los resultados finales, son una incógnita. Las estrategias de inversión contrarias a la IA ofrecen estabilidad a corto plazo; la exposición a la IA brinda opcionalidad ante un futuro incierto. Una cartera necesita ambos elementos, ya que la volatilidad es una característica definitoria de los ciclos de innovación, y el auge de la IA es el mayor de todos los ciclos de innovación que hemos presenciado a lo largo de nuestra vida.

A nuestro juicio, el ciclo actual del mercado exige un nivel de granularidad en la asignación de activos que trasciende las típicas regiones, países y sectores. Nos referimos a segmentos fundamentalmente estables que cotizan a valoraciones moderadas, así como a mercados orientados al valor que apenas tienen presencia en el ecosistema de la IA.

En este contexto, mantenemos una visión constructiva sobre la renta variable suiza, dadas sus valoraciones relativas cercanas a mínimos históricos y sus atractivas ventajas de diversificación. El mercado suizo se caracteriza por balances sólidos, una asignación de capital disciplinada y una composición sectorial estructuralmente menos cíclica que la de la mayoría de sus homólogos europeos. La renta variable suiza tiene una exposición limitada a los gigantes tecnológicos mundiales, lo que la convierte en un valioso elemento de diversificación en carteras globales dominadas por valores tecnológicos. La combinación de exposición defensiva, fortaleza de la divisa y generación de valor respalda nuestra postura de sobreponderar la renta variable suiza en carteras globales.

Aunque no nos preocupa una recesión inminente, seguimos de cerca las grietas que aparecen en el ciclo de la IA. La magnitud del gasto es tal que los beneficios del S&P 500 se han disparado. En la última década, la renta variable estadounidense ha registrado un crecimiento compuesto de las ganancias corporativas de aproximadamente el 10% anual, pero entre 2025-2027 se espera un crecimiento anual de las ganancias de alrededor del 20%. Gran parte de este crecimiento procede del gasto de capital de los proveedores de servicios en la nube que llega a las empresas beneficiarias de dicho gasto.

En conclusión, aunque todavía no disponemos de pruebas suficientes para declarar el fin de la inversión en IA, tenemos la impresión de que vivimos con tiempo prestado. Al parecer, la rotación de activos no se tomará vacaciones este verano, y tampoco debería hacerlo la disciplina a la hora de equilibrar la composición de la cartera.

*El autor de la columna es estratega global de Julius Baer

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