Opinión

100 días de soledad

SEBASTIAN CISTERNAS/ATON CHILE

Partió con los bríos de haber sido el presidente con más votos desde el retorno a la democracia: 7,2 millones y un aplastante 58%, con padrón obligatorio.

El nivel de cambios y transformaciones prometido fue acorde a esa base. O, más bien, a pensar que esa base era sólida y homogénea; monolítica. Aunque se le dijo incansablemente al nuevo gobierno que eran votos prestados, que su verdadera votación era la de primera vuelta, se creyeron, al menos en el primer círculo de influencia, que tenían un amplio mandato para hacer sus transformaciones sin transar. Nada grafica mejor aquello que la actitud del ministro de Hacienda, Jorge Quiroz. No solo en sus ideas y visión social y económica, cristalizadas en la abarca-todo ley miscelánea, sino en su tono, que expresa la carencia casi total de dudas y cero necesidad o disposición a escuchar o negociar.

Pero cien días pueden ser una eternidad, más cuando la popularidad se esfuma y la compañía comienza a escasear: hoy solo un 34% aprueba y un 52% lo desaprueba. Los votos sí que eran prestados.

Pasaron muchas cosas desde el 11 de marzo. Errores propios, como el fracaso del nombramiento de la ministra de Seguridad Trinidad Steinert; un fracaso en la línea de flotación, en la promesa de campaña más importante. Su reconocimiento de que no había un plan de seguridad - “anillado”- y que no sabía que había que “tener uno”, sumado a su serie de descriterios con la PDI y la Fiscalía, hicieron insostenible su designación y gatillaron un cambio de gabinete exprés y sin precedentes. Y allí también se verificó el fracaso de la vocería estilo Sin Filtros de la exministra Mara Sedini, que acumuló autogoles sin cesar.

Pasó, también, la guerra de Estados Unidos contra Irán, decidida y orquestada por Donald Trump, que gatilló incertezas mayúsculas, así como el alza del precio de los combustibles. El gobierno tuvo que reaccionar: y decidió no mitigar los precios del combustible vía Mepco y traspasar el alza.

Y así, entre goles y autogoles, la adhesión de 7,2 millones se ha jibarizado. La soledad ha aumentado, lo cual abre alertas de discolajes y fuego amigo. Pero peor aún, un 67% cree que Kast no cumplirá sus promesas de campaña. Se ha minado la popularidad, pero también la confianza en que aquello que se propuso como horizonte de posibilidad en cuatro años se logrará efectivamente.

Con una mayoría de personas desaprobando, y una mayoría mayor aún desconfiando, a 100 días la lectura es clara: no parece haber agua en la piscina para pasar máquina (acaso nunca la hubo), ni para sostener discursos grandilocuentes de autoafirmación y de demolición del adversario. Tener un tercio de apoyo significa compañía, pero es mayor la soledad.

¿Cómo sumar y no restar? Kast debe evitar fragilizar el apoyo que sumó en segunda vuelta, sus socios de Chile Vamos. Algunos centroderechistas se han asimilado a republicanos, es cierto, pero parte importante no lo ha hecho. Parecen haber tomado nota de lo que pasó con el Socialismo Democrático en el gobierno anterior. No basta con apoyar, moderar o mejorar, hay que mostrar personalidad propia. Especialmente desde RN se ha mostrado voluntad de identidad propia o, al menos, de no renunciar a ella tan fácilmente. Kast debe tomar eso en consideración y no alienar socios clave sin los que no podría gobernar.

Y debe tender puentes con la oposición, con la que no ha habido interés de sentarse realmente a la mesa a negociar. Es cierto que el progresismo está aún en modo parálisis, sin terminar-o empezar a digerir su aplastante derrota en la presidencial pasada. Pero es un sector que tiene presencia importante en el Parlamento, en los gobiernos locales, en municipios y en el ethos político de Chile. Dar al progresismo por muerto o en la UTI sería un error de proporciones. La persona mejor evaluada en la CEP es el alcalde Tomás Vodanovic. Y Boric es el quinto; el gobernador Orrego, el cuarto.

Por último, si la estrategia de Kast para sumar amigos y votos sigue siendo vía cortejo y concesión al PDG, será pan para hoy y hambre para mañana. El gobierno ha logrado sus avances legislativos en la ley miscelánea -y ahora, en la acusación constitucional contra el exministro Grau-, gracias a los votos del PDG y uno que otro pirquineo. Pero es una compañía peligrosa: Kast está alimentando a su rival 2030. La prueba está a la vista: uno de los ganadores netos de la CEP es, justamente, Parisi, que sube al tercer lugar. El efecto bencinazo lo cosechó él, como han dicho varios analistas. Kast está sentando a la mesa -y le está dando la cabecera- a quien puede que sea el principal contrincante para su sector en la siguiente elección.

Si no negocia en los siguientes cien días con el progresismo, el gobierno de Kast estará actuando, en los hechos, como jefe de campaña de Parisi 2030.

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