Opinión

Marine Le Pen ante el 2027

Kevin Coombs

A nueve meses de las presidenciales de 2027, el candidato de la Agrupación Nacional (RN) es el favorito. En distintas encuestas se le atribuye entre el 34% y 38% de la intención de voto, es decir, casi 20 puntos por delante de los otros candidatos. Además, está sistemáticamente por delante de sus posibles rivales de derecha, centro o izquierda en las encuestas para la segunda vuelta.

¿Cómo se puede explicar este dominio? En primer lugar, por la importancia que los franceses otorgan a los temas planteados por la RN: la inseguridad ocupa regularmente el segundo o tercer puesto entre las preocupaciones francesas, y la inmigración la sigue de cerca. Por otro lado, la decepción de los franceses con los partidos de izquierda, derecha y centro que se han sucedido en el poder en las últimas décadas ha alimentado el sentimiento antisistema y populista, lo que beneficia a la RN.

Por último, desde la campaña de 2022, Marine Le Pen y su partido han hecho de las cuestiones relacionadas con el poder adquisitivo y el futuro de los servicios públicos un eje central de sus propuestas, en un momento en que estos temas están en el centro de las preocupaciones del pueblo francés.

No obstante, la RN sigue sufriendo estigmas que podrían perjudicarla durante la campaña. En primer lugar, la condena de Marine Le Pen en el asunto de los asistentes parlamentarios corre el riesgo de debilitar el discurso del partido, que se presenta como el apóstol de la probidad frente a otros supuestamente percibidos como corruptos.

En términos más generales, RN sigue siendo considerado por una parte significativa como un partido xenófobo y autoritario (en el electorado de izquierda y centro), o como un partido con poca credibilidad y poca competencia, especialmente en cuestiones económicas (en el electorado de centro y derecha). Estos elementos, que contribuyeron a formar un imponente “frente republicano” anti-RN entre las dos vueltas de las legislativas de 2024, podrían reactivarse.

Queda por ver si estas fragilidades, hasta ahora limitadas por la estrategia del partido de “desdemonización”, resistirán la presión de una campaña presidencial en la que cada candidato buscará volver a situarse en el centro del juego.

Por Mathieu Gallard, director de IPSOS Francia.

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