Por Alejandro JofréEscapada en la Viña Selentia (a pasos de San Fernando)
Descubre Viña Selentia en el Valle de Colchagua. Disfruta catas, parras de 1903 y un exclusivo Wine Hostel a solo una hora de Santiago. Planifica tu visita.

El letargo del campo chileno y la sofisticación de Burdeos convergen en un rincón de Angostura. Con parras de 1903, cepas de producción limitadísima y una casona convertida en un innovador refugio para visitantes, Viña Selentia apostó por abrir sus puertas y mostrar en terreno cómo se embotella más de un siglo de historia familiar.
A poco más de una hora al sur de Santiago, cuando el gris da tregua y el paisaje del Valle Central impone sus propias reglas, la precordillera de Colchagua esconde un secreto. En el sector de Angostura, cobijada entre vecinos ilustres del vino nacional, Viña Selentia se alza como un testamento.
La trama arrancó a principios del siglo XX, cuando el francés Emilio Bouchon dejó atrás los parrones de Burdeos para echar raíces en Chile, pero el guion lo escriben hoy sus herederos directos.
“Se podría decir que lo llevamos en la sangre, pero detrás hay un trabajo minucioso: oficios que casi no se ven hoy y conocimientos que exigen estudio”, dice a La Tercera Felipe Mayol, director comercial y parte de esta cuarta generación a cargo.

En Selentia, la herencia hoy se puede caminar, dormir y, sobre todo, beber. La viña armó un modelo de enoturismo sin más pretensiones que quedarse el fin de semana completo en un cálido Wine Hostel -bajo un formato Bed & Wine que se reserva como Airbnb-, pasear entre viñedos de Cabernet Sauvignon plantados en 1903 y sentarse a la mesa para probar desde un exclusivísimo Muscat de Frontignan hasta el “Bertita”, el vino ícono que rinde homenaje a la abuela de la familia.
El vino auténtico no se inventa, se hereda, dicen quienes hoy tomaron las riendas de Viña Selentia.
“Hacemos vinos de calidad”

Ofrecen un formato completo de recorrido, cata, visita a la bodega y almuerzo. ¿Cómo es la experiencia del “día perfecto” para quien los visita desde Santiago?
Sí. Tenemos distintos tipos de tours, desde una degustación tipo cheese & wine hasta catas de vinos finos, con recorrido por el viñedo -incluidas nuestras parras centenarias- y visita a la bodega. También existe la opción de quedarse en nuestro Wine Hostel, un formato Bed & Wine que funciona además como Airbnb, ideal para familias o grupos de amigos que quieran pasar el fin de semana en Selentia y sus alrededores. Estamos en el sector de Angostura, donde se ubican otras viñas de Andes Colchagua como Casa Silva y Maturana Wines.
Son cuatro generaciones desde que Emilio Bouchon dejó Burdeos para instalarse en el campo chileno. ¿Cómo se embotella más de un siglo de historia familiar?
Así es, y nuestra generación es la encargada de continuar el legado de quienes llegaron a este sector a comienzos del siglo XX. Se podría decir que lo llevamos en la sangre, pero detrás hay un trabajo minucioso: oficios que casi no se ven hoy y conocimientos técnicos, enológicos y agrícolas que exigen estudio y dedicación. Y, sobre todo, pasión por lo que hacemos. Eso es lo que finalmente se embotella.
Conservan las plantaciones originales de Cabernet Sauvignon y suman variedades como el Carmenere y Petit Verdot. ¿Cuál es hoy la “joya de la corona” que todo visitante debe probar en Selentia?
Trabajamos con cepas aptas para nuestro territorio, el Valle Central de Colchagua en su sector precordillerano. De hecho, somos socios fundadores de la asociación gremial Andes Colchagua. Aquí conviven parras de Cabernet Sauvignon plantadas en 1903 -que dan nombre a nuestro vino premium, 1903- con cuarteles de Petit Verdot, origen de nuestro vino ícono Bertita, en honor a nuestra abuela Berta Bouchon. Y no puede faltar la cepa estrella de Colchagua: el Carmenere. En blancos tenemos una rareza: somos la única viña que embotella Muscat de Frontignan, a partir de una producción boutique de apenas 700 kilos al año. Si tuviera que elegir una joya para que el visitante pruebe, sería el 1903: es nuestra historia hecha vino.

“El vino auténtico no se fabrica, se hereda”, dice el lema de Selentia. ¿Cómo se traduce exactamente esa herencia hoy?
En el trabajo y la pasión que ponemos cada día: entender el campo y la naturaleza, trabajar en armonía con los ciclos del clima y convivir con la tierra y con la comunidad de Angostura, como lo hacemos hace más de 100 años. Esa herencia no está en un papel; está en la forma de hacer las cosas.
¿Podrías contarme de otros atractivos de Viña Selentia que no hayamos mencionado antes?
Somos una viña donde toda la familia se involucra: en la elaboración, la comercialización, el marketing y hasta en el diseño de cada botella. Queremos contar nuestra historia y la de nuestras parras de forma directa, revivir el espíritu de nuestra abuela y de quienes nos antecedieron con una frase que los resume: “vengan a vernos”. Hacemos vinos de calidad, pero honramos a la tierra y a su gente en cada paso.
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